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Don Quijote y Sancho, por Doré

Don Quijote y Sancho, por Doré

Otra muestra de lo mucho que preocupa el tema del canon literario en la Educación Secundaria nos la proporciona la convocatoria que para este mes de julio nos hace la FASPE (Federación de Asociaciones de Profesores de Español) a través de su página web. En su XII Simposio el tema elegido es “El canon literario: función y mito.”

Las sesiones, organizadas por la APE “Francisco de Quevedo” de Madrid en colaboración con el ICE de la UAM, presentan un formato variado que incluye conferencias, mesas redondas y breves comunicaciones. La mayoría de actos se celebran en el IES Cervantes (c/ Embajadores 70. Madrid) desde el 2 al 4 de julio y la inscripción queda abierta hasta el mismo día de inicio del curso a las 9 de la mañana.

Además de las actividades más o menos académicas, se pretende estimular la reflexión didáctica y la charla distendida entre colegas, por lo que el programa incluye un atractivo repertorio de visitas a lugares emblemáticos de Madrid (diferentes rutas literarias, Residencia de Estudiantes, BNE, CDN, Aranjuez…) y la asistencia a algunas representaciones teatrales. Para más información, se puede descargar el programa completo en la página web de la federación.

Sin duda, es una buena excusa para escuchar, comentar y exponer puntos de vista diferentes sobre cómo abordar la enseñanza de los clásicos en nuestras aulas. Aunque no se requieren demasiadas excusas para darse una vuelta por la capital del reino y disfrutar de su oferta cultural, ésta es una más y no una menor. Así que me escaparé cuatro días a ver qué tal.

Referencias:

Página web de la FASPE: http://faspe.org/

APE “Francisco de Quevedo”: http://www.apequevedo.com/

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Día del Libro, por Raquel Marín

Día del Libro, por Raquel Marín

En un reciente artículo escrito para el Seminario Internacional de Animación a la Lectura “El Placer de Leer”, organizado en Santiago de Chile, la escritora brasileña Ana María Machado (2004) justificaba la lectura de los clásicos en la escuela no tanto como una obligación sino como un derecho inalienable de las nuevas generaciones.

Además, junto a la importancia capital que otorgaba a las bibliotecas escolares en la formación de los lectores, también destacaba el papel esencial de los buenos maestros y bibliotecarios, no esos funcionarios grises y apegados a la estricta burocracia, sino verdaderos guías y mentores que orientan y aconsejan a los jóvenes interesados en iniciarse en la literatura, mostrándoles y facilitándoles un amplio catálogo para que tengan dónde elegir.

El texto completo me parece interesantísimo, pero sólo destacaré dos fragmentos de su impecable razonamiento. Como introducción, señala:

En mi opinión, la selección de libros que deberán ser leídos en la escuela debe partir de premisas básicas:

  • La literatura, arte de la palabra, es un patrimonio de la humanidad, una herencia cultural preciosa.
  • Todo individuo tiene derecho a una parte de esa herencia y toda sociedad tiene el deber de garantizar a todos ese derecho.

Idea que desarrolla luego:

Si la escuela no presenta a los estudiantes el legado de la tradición literaria que les pertenece, puede estar negando ese derecho a las nuevas generaciones. En términos prácticos, puede ser que ellas no tengan otras oportunidades de acceso a un tesoro de ese tamaño, si la escuela no juega ese rol. Desde ese punto de vista no se defiende que la enseñanza haga oposición a las lecturas del best seller del momento o del libro descartable, pero claramente no le corresponde a la escuela sugerirlos, pues ellos ya serían descubiertos de cualquier manera, por presión de la publicidad, por imposición de la moda o por indicación de un amigo. El papel de la educación sería entonces orientar a las nuevas generaciones para que hagan sus propios descubrimientos en los bosques literarios, presentándoles un repertorio variado de buenos textos de épocas diversas. Pero eso supone profesores y docentes bien formados, que lean y puedan hacer sus propias elecciones sin recurrir a fórmulas y recetas. Lo cual es otra historia y un desafío permanente en nuestros países.

Y más abajo concluye:

Para estimular el gusto por la lectura en un niño o en un joven o en un adulto, que no tienen ninguna intimidad con los libros, es necesario el contacto con adultos que leen. Una vez más, repito: nada aproxima tanto a un libro como otra persona que lee. Aquel individuo capaz de propiciar el encuentro transformador del que hablaba hace poco. Yo acostumbro decir que lo que hace leer es el ejemplo sumado a la curiosidad de un lector en potencia. A quien le gusta leer, aún aquel que no esté muy actualizado con las últimas novedades editoriales, siempre se le ocurren buenas sugerencias para una selección de títulos, aun cuando no sea capaz de explicar muy claramente sus criterios.

El texto íntegro de su intervención puede descargarse y leerse en formato doc desde la página de las Bibliotecas escolares del Ministerio de Educación chileno. Clique en Selección de libros (2004) por Ana Maria Machado. Vale la pena.

Referencias:

Ana María Machado (2004): “Selección de libros”. Conferencia dictada en el Seminario Internacional de Animación a la Lectura “El Placer de Leer”.  Ministerio de Educación, Santiago de Chile. Accesible en:  http://www.bibliotecas-cra.cl/Placer_de_Leer/docs/Pon.%20A.M.Machado.doc

  •    (2002): Lectura, escuela y creación literaria. Anaya, Madrid.
  •    (2002) Como e por que ler os clássicos universais desde cedo. Objetiva, São Paulo.

Roger Chartier (2000): El juego de las reglas: lecturas. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Marisa Lajolo (2001): Literatura: leitores e leitura. Moderna, São Paulo.

  •    (2003): Descobrindo a Literatura. Ática, São Paulo.

Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona.

Harold Bloom (1995): El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas. Traducción de Damián Alou. Anagrama, Barcelona.

  •   (2002): Cómo leer y por qué. Traducción de Marcelo Cohen. Anagrama, Barcelona.

David Denby (1997): Los grandes libros. Acento Editorial, Madrid.

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Dejando aparte, de momento, el debate sobre cómo introducir la lectura de los clásicos en la escuela primaria y en la enseñanza secundaria, hoy quiero pedirle su opinión sobre el tema, su visión meditada del asunto desde su experiencia como lector y/o educador.

Las preguntas posibles son variadas: ¿Con qué criterios elegir los clásicos escolares? ¿Tiene sentido establecer algún tipo de canon en este ámbito? ¿Qué hacer con las lecturas marcadas por los currículos oficiales? ¿Qué clásicos aguantan mejor que otros la lectura escolar? ¿A qué edades y en qué versiones, si cabe? ¿Deben reservarse los clásicos, íntegros y sin ningún tipo de ayuda -más allá de las introducciones y notas básicas-, para el momento en que el lector esté verdaderamente preparado? ¿O hay que ofrecer siempre pequeñas muestras, aperitivos gustosos, que despierten la curiosidad del alumnado? ¿Puede establecerse un catálogo de lecturas verdaderamente adecuado por edades o ciclos educativos? ¿Sobre qué base? ¿Es aconsejable seguir un orden determinado en la elección de las lecturas o es preferible despertar, con  la variedad y la amenidad, el gusto por la lectura desordenada y sin tregua, por puro placer? ¿Con qué criterios generales podemos recomendar aventuras, amoríos, misterios y demás para los adolescentes si cada muchacha y cada muchacho son un mundo complejísimo?

En fin, las cuestiones son tantas y tan amplias que merecen respuestas detalladas y muy razonadas. De momento, le cedo la palabra y le propongo que me dé sus opiniones mediante una encuesta sobre el canon literario hispánico y el sistema educativo.

El método para responder es muy sencillo: únicamente hay que descargar el documento en formato word de la página de Scribd, rellenarlo y enviarlo a la dirección de correo señalada. Tómese su tiempo y conteste únicamente los apartados que considere necesarios. Gracias por su colaboración.

Encuesta sobre los clásicos en la escuela

Nota: Evidentemente, los datos que facilite son confidenciales y sólo se utilizarán para tal fin. Los resultados obtenidos aparecerán publicados en este blog y en la página vinculada al proyecto de investigación sobre el canon literario de la literatura castellana. El trabajo está en período de redacción y se inició en febrero de 2009 gracias a la licencia de estudios que me concedió el Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya. Un resumen del mismo se encuentra en la página 128 del documento publicado por la XTEC en su apartado sobre Innovació i recerca. Para acceder a él, clique en Llicències d’estudis retribuïdes curs 2008-2009 (pdf).

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Italo Calvino

Italo Calvino

Como prólogo a Por qué leer los clásicos, una colección de ensayos y artículos sobre los libros y autores que marcaron su vida, Italo Calvino intentó definir el concepto de clásico mediante una lista en que sumó la fineza de buen lector a su penetrante discernimiento.

En sucesivas entradas comentaremos también las ideas de Borges al respecto. Hoy nos limitamos a enunciar ese decálogo ampliado y a destacar un fragmento del apartado 9.

¿Qué es un clásico?

1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».

2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura. La definición 4 puede considerarse corolario de ésta.

6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

7. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).

8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

10. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía.

13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

(1981)

El párrafo que quiero comentar expande la novena definición y alude a la función de la escuela. En él se muestra tajante: la escuela no puede prescindir de los clásicos, debe darlos a conocer “bien o mal” para que luego los estudiantes puedan elegirlos o rechazarlos. Los clásicos son necesarios, pero si no nos atraen, no hay que amargarse. Ya llegará (o no) el momento adecuado. La libertad de leer lo que nos gusta es mucho más esencial, y no podemos renunciar a ella. Dice así:

Naturalmente, esto sucede cuando un clásico funciona como tal, esto es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección; pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de cualquier escuela.

El texto completo de ese prólogo revelador está accesible en varios sitios de Internet, por ejemplo en la página que le dedica Ediciones del Sur  de Córdoba (Argentina) al autor italiano: Por qué leer los clásicos.

Referencias:

Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona. Páginas 13-20.

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