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Un mundo por leer, G. Jover

Un mundo por leer, G. Jover

Hace ya unos años que Guadalupe Jover viene reclamando una revisión crítica del canon literario escolar que promueva una verdadera educación literaria del alumnado y tenga mucho más en cuenta el tipo de lector a quien va destinado. Lo ha dicho en artículos en prensa, en trabajos académicos y en un libro que hoy recomiendo vivamente. Se llama Un mundo por leer (2007) y recibió el Premio de Pedagogía Rosa Sensat 2006.

Para Jover, la reforma educativa emprendida en España en los años 90 al amparo de la LOGSE ha sido una oportunidad malgastada. Pareció una oportunidad estupenda para desarrollar programas abiertos y flexibles que cada equipo docente pudiera adaptar a la realidad del aula, pero en la práctica, casi todo ha quedado en papel mojado. La reciente publicación de los currículos oficiales de la asignatura de Lengua castellana y literatura para ESO y Bachillerato, con su pormenorizado catálogo de conceptos, obras y autores deja las cosas más o menos donde estaban: en el enfoque historicista, ahora ampliado con muchos otros contenidos que se deben abordar también en el aula.

Sí, pero ¿cómo? ¿Cómo hacer todo eso con unas pocas horas semanales de clase y con alumnos y alumnas con tan escaso bagaje literario a sus espaldas? Además, a falta de una mejor perspectiva global, las administraciones autonómicas a menudo no han hecho otra cosa que aumentar el despropósito.

Por todo ello, Jover se preguntaba hace ya años en un artículo de El País (“De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, 24-11-2003) si, ya cruzado el umbral del siglo XXI, seguía siendo válido el planteamiento tradicional. ¿Basta con recordar unas cuantas obras, autores y características literarias al término de las clases de literatura? ¿Dónde queda la educación literaria de las chicas y los chicos de hoy?

Claro que para hacer una enmienda a la totalidad hay que exponer previamente algunos principios. Los que presentaba Jover, resumidos, quedan así:

1. Hay que revisar la propia tradición para hacer que los adolescentes se inserten en ella de forma crítica y consciente.

2. El punto de referencia principal no debería ser tanto el canon literario nacional como el canon occidental, o mejor, el canon universal, lo que nos permitirá ampliar considerablemente las posibilidades de selección de textos.

3. No deberíamos tener miedo de considerar como “parte de nuestras señas de identidad colectiva las tradiciones culturales de quienes semana a semana vienen incorporándose a nuestros colegios e institutos desde las más diversas procedencias geográficas.” (Jover, 2003)

En Un mundo por leer profundiza en esos conceptos y sigue desmontando la estructura general que organiza habitualmente los contenidos y la metodología de la enseñanza de la literatura. Según ella, además de consensuar el corpus básico de obras, habría que establecer ciertos criterios generales:

1. Renunciar definitivamente al enciclopedismo a favor de la buena selección.

2. Abandonar, al menos en parte, el tradicional enfoque historicista, lo que no significa renunciar al análisis y a la contextualización histórica de las obras.

3. Apostar claramente por el diálogo entre el hoy y el ayer, por la lectura en contrapunto de textos de la tradición y textos actuales.

Tradicionalmente, los contenidos literarios se han organizado siguiendo un criterio cronológico y más modernamente, a través del estudio de los géneros o bien mediante el análisis de temas o tópicos literarios. Cada una de estas tres visiones tiene ventajas e inconvenientes; seguramente, ninguna se debe soslayar, pero sea cual sea la perspectiva elegida, debemos ser conscientes de la necesidad de seleccionar muy bien. Porque la empresa es inabarcable por naturaleza: no se puede estudiar TODA la literatura nacional (o universal), no se puede analizar la evolución de TODOS los géneros literarios, y tampoco se puede observar el distinto tratamiento de que son objeto los temas a lo largo de TODA la historia.

En resumen, que hay que abarcar menos y apretar más, leer menos manual y más texto original, leer quizá menos autores pero mejor. Leer con gusto y con provecho. Leer con tiempo para hablar de la lectura y compartirla. Leer sabiendo para qué: para desarrollar el espíritu crítico y la capacidad de ir más lejos por uno mismo. Leer literatura pero no sólo literatura, porque también hay que enlazar la lectura del libro y la lectura del mundo.

Así que parece evidente que hay que apostar por un cierto eclecticismo, por un nuevo enfoque, por una vía intermedia, por una selección clara con un criterio definido. Y es aquí es donde aparece, como respuesta a todos esos retos de organización, la idea de las constelaciones literarias.

De algunos de los ejemplos de constelaciones que propone Jover y de materiales de este tipo que podemos encontrar en Internet les hablo en la entrada siguiente. Hasta entonces.

Referencias:

Guadalupe Jover (2003): “De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, artículo publicado El País (24-11-2003).

Guadalupe Jover (2003): “La educación literaria en la educación secundaria obligatoria”. En Textos. Didáctica de la lengua y la literatura, 34. Barcelona, Graó, pp. 81-102.

Guadalupe Jover (2007): Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Barcelona, Octaedro. Colección Rosa Sensat 12.

Guadalupe Jover: “Se está haciendo cada vez más tarde: Por una literatura sin fronteras.”, pp. 148-178. En Carlos Lomas (coord.) (2008): Textos literarios y contextos escolares: la escuela en la literatura y la literatura en la escuela. Barcelona, Graó. Biblioteca de Textos 249.

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