Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Clásicos’

El filólogo y académico Francisco Rico, nos presentaba hace unos días en el programa Nostromo (RTVE) los cuatro primeros volúmenes de la colección Biblioteca Clásica de la RAE, una  producción del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles en singular alianza con Círculo de Lectores/ Galaxia Gutenberg y con el patrocinio de la Fundación La Caixa. El catedrático de la UAB nos explica, en colaboración con su colega Jordi Gràcia, el qué y el cómo de este ambicioso proyecto.

Nostromo, 30 de mayo de 2011

Más cobertura de la noticia nos la dan diversos medios de comunicación como:

El repertorio completo de los 111 títulos seleccionados para la colección puede descargarse aquí en pdf:

Ediciones de hoy de los clásicos de siempre. La vuelta al círculo, el nudo gordiano que nunca se rompe de los libros canonizados por el sistema educativo… Y frente a ello, la necesidad de renovarse o morir.

Ustedes dirán que les parece la idea y si echan algo de más o de menos en la lista.

Read Full Post »

Cuatro personajes en busca de un trago

Algunos caracteres literarios saltan de las páginas escritas y agarran vida propia, se transforman, se ridiculizan, se emborrachan, se chancean, se exaltan o se patean públicamente.  Y eso está bien. Son de todos y para todos. Para hacer llorar, o para hacer reír. Ahí están, vivitos y coleando, como referentes de la cultura universal, porque su trayectoria es larga y su capacidad de ponerse del revés se mantiene a través de los siglos.

Si me permiten el comentario, el más endeble de los cuatro, por supuesto, es ese Harry Potter simplón y marisabidillo de la saga J. K. Rowling, que no creo que resista otra década en el candelero. O quizá sí. Ya veremos.

Referencia:

El show de La 1/2 docena, programa de humor y comedia desde Costa Rica.

Read Full Post »

Goethe en la campiña romana (1786), por Tischbein.

Goethe en la campiña romana (1786), por Tischbein.

También desde Chile, en este caso desde la Universidad de Concepción, nos llega un documento en que un grupo de investigadores analiza el concepto de clásico literario con gran acierto y profusión de citas. A pesar de algunas erratas menores, el texto está muy bien escrito y refleja con meridiana claridad los aspectos esenciales de la cuestión. Entre ellos quiero señalar:

a) La estrecha relación entre los conceptos de clasicismo, canon y literatura universal.

b) La incidencia capital de la Teoría de la Recepción en la consideración de qué es un clásico, en especial, la idea de su infinita capacidad de transformación y su incidencia plena en la experiencia vital del lector.

c) Los diversos tipos de clásicos literarios: los locales o nacionales, que sólo lo son en su ámbito y tienen básicamente un valor identitario; y los universales, que trascienden la cultura de origen superando fronteras lingüísticas e ideológicas para adquirir la consideración de referente cultural compartido. Son estas últimas obras, precisamente, las que van perfilando eso que Goethe llamó la Weltliteratur. Se supone que en ellas, por destino o por azar, se funden la autoridad estética, el ejemplo moral y el valor simbólico.

d) La definición habitual de clásico, que se cifran en el repertorio de objetos artísticos seductores, potentísimos y “ejemplares” en un doble sentido: por su calidad lingüística y por la apropiación que de ellos hacen los sistemas de poder. Sin embargo, en el fondo siempre son antes que nada transgresores y sorprendentes, tanto en lo estético como en lo ideológico.

e) La dimensión vital, palpitante y cambiante del clásico, que retorna indefinidamente y admite variaciones, reescrituras y adaptaciones continuas. Los clásicos universales o modélicos, también llamados ideales, se proyectan más allá de su territorio cultural natural por su carácter de textos fronterizos, fecundos de resonancias y huellas, de significados múltiples, abiertos y listos para engendrar nuevos brotes en el árbol complejísimo de la cultura.

f) La importancia de los mitos y arquetipos en la configuración y en la pervivencia de las obras clásicas.

g) La riqueza, la originalidad y la relevancia cultural que tiene en nuestros días la literatura chilena en particular, y la del Cono Sur en general. El fenómeno Bolaño es un ejemplo último y válido, no limitado al ámbito hispánico sino de proyección claramente internacional y con especial incidencia en el mundo anglosajón.

Se publicó en la revista Atenea en 2003 y puede consultarse en un documento PDF en la red cuyo vínculo es éste: Sobre el concepto de lo clásico.

Referencias:

María Nieves Alonso y otros. (2003): “´Una preferencia bien puede ser una superstición´: Sobre el concepto de lo clásico.” en Atenea 488, pp. 11-29. Universidad de Concepción, Concepción (Chile). Disponible en: http://www.scielo.cl/pdf/atenea/n488/art02.pdf

Johann Peter Eckermann (2005): Conversaciones con Goethe: En los últimos años de su vida. Traducción de Rosa Sala. Acantilado, Barcelona.

Damián Leandro Sarro (2006): “La Weltliteratur de Goethe: Una reflexión sobre Literatura Comparada”. En Espéculo. UCM, Madrid. Disponible en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/weltlite.html

Read Full Post »

Día del Libro, por Raquel Marín

Día del Libro, por Raquel Marín

En un reciente artículo escrito para el Seminario Internacional de Animación a la Lectura “El Placer de Leer”, organizado en Santiago de Chile, la escritora brasileña Ana María Machado (2004) justificaba la lectura de los clásicos en la escuela no tanto como una obligación sino como un derecho inalienable de las nuevas generaciones.

Además, junto a la importancia capital que otorgaba a las bibliotecas escolares en la formación de los lectores, también destacaba el papel esencial de los buenos maestros y bibliotecarios, no esos funcionarios grises y apegados a la estricta burocracia, sino verdaderos guías y mentores que orientan y aconsejan a los jóvenes interesados en iniciarse en la literatura, mostrándoles y facilitándoles un amplio catálogo para que tengan dónde elegir.

El texto completo me parece interesantísimo, pero sólo destacaré dos fragmentos de su impecable razonamiento. Como introducción, señala:

En mi opinión, la selección de libros que deberán ser leídos en la escuela debe partir de premisas básicas:

  • La literatura, arte de la palabra, es un patrimonio de la humanidad, una herencia cultural preciosa.
  • Todo individuo tiene derecho a una parte de esa herencia y toda sociedad tiene el deber de garantizar a todos ese derecho.

Idea que desarrolla luego:

Si la escuela no presenta a los estudiantes el legado de la tradición literaria que les pertenece, puede estar negando ese derecho a las nuevas generaciones. En términos prácticos, puede ser que ellas no tengan otras oportunidades de acceso a un tesoro de ese tamaño, si la escuela no juega ese rol. Desde ese punto de vista no se defiende que la enseñanza haga oposición a las lecturas del best seller del momento o del libro descartable, pero claramente no le corresponde a la escuela sugerirlos, pues ellos ya serían descubiertos de cualquier manera, por presión de la publicidad, por imposición de la moda o por indicación de un amigo. El papel de la educación sería entonces orientar a las nuevas generaciones para que hagan sus propios descubrimientos en los bosques literarios, presentándoles un repertorio variado de buenos textos de épocas diversas. Pero eso supone profesores y docentes bien formados, que lean y puedan hacer sus propias elecciones sin recurrir a fórmulas y recetas. Lo cual es otra historia y un desafío permanente en nuestros países.

Y más abajo concluye:

Para estimular el gusto por la lectura en un niño o en un joven o en un adulto, que no tienen ninguna intimidad con los libros, es necesario el contacto con adultos que leen. Una vez más, repito: nada aproxima tanto a un libro como otra persona que lee. Aquel individuo capaz de propiciar el encuentro transformador del que hablaba hace poco. Yo acostumbro decir que lo que hace leer es el ejemplo sumado a la curiosidad de un lector en potencia. A quien le gusta leer, aún aquel que no esté muy actualizado con las últimas novedades editoriales, siempre se le ocurren buenas sugerencias para una selección de títulos, aun cuando no sea capaz de explicar muy claramente sus criterios.

El texto íntegro de su intervención puede descargarse y leerse en formato doc desde la página de las Bibliotecas escolares del Ministerio de Educación chileno. Clique en Selección de libros (2004) por Ana Maria Machado. Vale la pena.

Referencias:

Ana María Machado (2004): “Selección de libros”. Conferencia dictada en el Seminario Internacional de Animación a la Lectura “El Placer de Leer”.  Ministerio de Educación, Santiago de Chile. Accesible en:  http://www.bibliotecas-cra.cl/Placer_de_Leer/docs/Pon.%20A.M.Machado.doc

  •    (2002): Lectura, escuela y creación literaria. Anaya, Madrid.
  •    (2002) Como e por que ler os clássicos universais desde cedo. Objetiva, São Paulo.

Roger Chartier (2000): El juego de las reglas: lecturas. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Marisa Lajolo (2001): Literatura: leitores e leitura. Moderna, São Paulo.

  •    (2003): Descobrindo a Literatura. Ática, São Paulo.

Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona.

Harold Bloom (1995): El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas. Traducción de Damián Alou. Anagrama, Barcelona.

  •   (2002): Cómo leer y por qué. Traducción de Marcelo Cohen. Anagrama, Barcelona.

David Denby (1997): Los grandes libros. Acento Editorial, Madrid.

Read Full Post »

david-dalla-venezia-4

Dejando aparte, de momento, el debate sobre cómo introducir la lectura de los clásicos en la escuela primaria y en la enseñanza secundaria, hoy quiero pedirle su opinión sobre el tema, su visión meditada del asunto desde su experiencia como lector y/o educador.

Las preguntas posibles son variadas: ¿Con qué criterios elegir los clásicos escolares? ¿Tiene sentido establecer algún tipo de canon en este ámbito? ¿Qué hacer con las lecturas marcadas por los currículos oficiales? ¿Qué clásicos aguantan mejor que otros la lectura escolar? ¿A qué edades y en qué versiones, si cabe? ¿Deben reservarse los clásicos, íntegros y sin ningún tipo de ayuda -más allá de las introducciones y notas básicas-, para el momento en que el lector esté verdaderamente preparado? ¿O hay que ofrecer siempre pequeñas muestras, aperitivos gustosos, que despierten la curiosidad del alumnado? ¿Puede establecerse un catálogo de lecturas verdaderamente adecuado por edades o ciclos educativos? ¿Sobre qué base? ¿Es aconsejable seguir un orden determinado en la elección de las lecturas o es preferible despertar, con  la variedad y la amenidad, el gusto por la lectura desordenada y sin tregua, por puro placer? ¿Con qué criterios generales podemos recomendar aventuras, amoríos, misterios y demás para los adolescentes si cada muchacha y cada muchacho son un mundo complejísimo?

En fin, las cuestiones son tantas y tan amplias que merecen respuestas detalladas y muy razonadas. De momento, le cedo la palabra y le propongo que me dé sus opiniones mediante una encuesta sobre el canon literario hispánico y el sistema educativo.

El método para responder es muy sencillo: únicamente hay que descargar el documento en formato word de la página de Scribd, rellenarlo y enviarlo a la dirección de correo señalada. Tómese su tiempo y conteste únicamente los apartados que considere necesarios. Gracias por su colaboración.

Encuesta sobre los clásicos en la escuela

Nota: Evidentemente, los datos que facilite son confidenciales y sólo se utilizarán para tal fin. Los resultados obtenidos aparecerán publicados en este blog y en la página vinculada al proyecto de investigación sobre el canon literario de la literatura castellana. El trabajo está en período de redacción y se inició en febrero de 2009 gracias a la licencia de estudios que me concedió el Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya. Un resumen del mismo se encuentra en la página 128 del documento publicado por la XTEC en su apartado sobre Innovació i recerca. Para acceder a él, clique en Llicències d’estudis retribuïdes curs 2008-2009 (pdf).

Read Full Post »

aleph

Felizmente, no nos debemos a una sola tradición. Podemos aspirar a todas.

Jorge Luis Borges

El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) es ya un clásico de la literatura mundial. Quizá es el que mayor reconocimiento internacional ha tenido de todos los autores en español del siglo XX. La crítica y el público lo aprecian. Aparece reivindicado por autores europeos, americanos y de otras latitudes y longitudes. Lo comenta Italo Calvino en su ensayo citado días atrás, lo selecciona Harold Bloom como pieza central de su parnaso particular y lo encontramos, por ejemplo, en casi todas las antologías generales del influyente mercado cultural norteamericano, como la Norton Anthology of Western Literature o la Longman Anthology of World Literature.

Borges, con sus poemas y sus relatos breves, como El aleph (1949) o El sur (1956) por citar algunos, alcanza una densidad significativa y una belleza sin discusiones. Es un maestro del verso, del cuento literario y de un género híbrido que cultivó como nadie: el ensayo o disquisición cultural en que liga historia, filosofía y crítica literaria con la pura invención y la magia verbal.

Por ello, las ideas de Borges sobre literatura son siempre valiosas. En “Sobre los clásicos”, ensayo incluido en Otras inquisiciones (1952), Borges nos habla de su concepto de clásico. Tomando como ejemplo el caso del I ching, un libro de filosofía y adivinación del que Confucio dijo que dedicaría cincuenta años a estudiarlo, nos dice:

Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Previsiblemente, esas decisiones varían.

Así es: los clásicos nos vienen de la tradición y exigen un acto de fe previo. Sin embargo, esa determinación colectiva no es inmutable, cambia con el tiempo, lo que nos lleva a admitir su arbitrariedad al menos relativa. De esta manera podemos entender por qué cada pueblo o cultura tiene sus clásicos y por qué clásicos de otro tiempo han caído en el olvido, mientras que obras olvidadas han sido recuperadas definitivamente para la posteridad.

Pero más allá del miope nacionalismo cultural, según el cual el Fausto es esencial para los alemanes, el Paraíso perdido lo es para los ingleses, la Divina Comedia lo es para los italianos, y así ad infinitum, hay lugar para la renovación o sustitución del canon establecido, porque los criterios pueden modificarse y dependen en última instancia de dónde se pueda encontrar la gran literatura. Abrir el canon, he aquí buena parte del reto. Sigue Borges:

Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero. Así, mi desconocimiento de las letras malayas o húngaras es total, pero estoy seguro de que si el tiempo me deparara la ocasión para su estudio, encontraría en ellas todos los alimentos que requiere el espíritu. Además de las barreras lingüísticas, intervienen las políticas o geográficas.

En la letra de un tango, en una frase espigada al azar en el discurso de un niño, en un párrafo oculto en las columnas de un diario… La belleza literaria puede estar en cualquier parte y no hay un don magnífico o especial que se otorgue sólo a unos pocos elegidos para que revistan todo cuanto tocan o dicen de hermosura. Unos son más afortunados que otros en talento y arte, pero la maravilla de la literatura es infinita y reside básicamente en la propia mirada y en la propia sensibilidad para encontrarla. Como dice Borges:

La gloria de un poeta depende, en suma, de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba en la soledad de sus bibliotecas.

El lector en el centro. Saber leer. He ahí la clave auténtica. Saber encontrar el diamante en el barro o en el campo florido. Y a la vez tener conciencia del límite de lo que podemos conocer y la seguridad de que tantas cosas valen la pena y pueden ser geniales, pero nunca accederemos a ellas porque nuestra lengua, nuestra mente y nuestra biblioteca son finitas. Y además, tener conciencia de los propios prejuicios, porque a veces no leemos a ciertos autores o los ignoramos deliberadamente porque no nos caen bien, o porque no son de nuestra cuerda ideológica o porque la cultura en que se insertan  nos produce rechazo por motivos personales,  políticos o históricos. ¿Cómo leer en alemán después de haber sido torturado en Auschwitz? ¿Cómo leer al palestino Mahmud Darwish siendo israelí, aunque el poema sea tan revelador del conflicto entre ambos pueblos como Él está tranquilo? ¿Cómo valorar a Amos Oz siendo un huérfano de guerra en la Franja de Gaza? Sigue Borges:

Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud. Se gastan a medida que los reconoce el lector. De ahí el peligro de afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre.

El amor es eterno mientras dura -dice un adagio popular. El clásico se mantiene entre los elegidos mientras goza de fama incontestable, mientras tiene ese prestigio tan peligroso que lo relega al estante más alto, mientras incita y a la vez retrae a los no iniciados. Y termina Borges con el resumen de su tesis:

Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.

Aquí Bloom y su criterio de la “supremacía estética” se van al traste. Porque ¿en qué criterios estrictos, explícitos y objetivables, estaría fundada esa “supremacía estética”? La pregunta es central. Exploremos esas “diversas razones” y tendremos los fundamentos del canon: el por qué una obra se convierte en un clásico y otra similar no.

Las razones, lo veremos despacio, son de diferente orden y en buena parte obedecen al azar histórico, a veces reversible en lo que a juicios literarios y galerías de elegidos se refiere. Pero está claro que, entre los motivos destacables, esa “devoción previa” de que habla Borges es esencial. Producto del prestigio escolar, académico o del tipo que sea, esa pátina de atractivo antiguo pero imperecedero, de objeto “con clase” y “de clase”, revestido de un aura misteriosa y elegante, es un requisito ineludible. Que no constituya una barrera infranqueable para las nuevas generaciones es nuestra tarea.

Referencias:

Jorge Luis Borges (1952): “Sobre los clásicos” en Otras inquisiciones. Incluido en Obras completas. Volumen II (1952-1972). Emecé editores, Barcelona, 1989. Página 151.

  • Se puede leer el texto completo en un documento pdf clicando en el enlace Sobre los clásicos.

Homenaje a Mahmud Darwish en Ramala, tribuna de Juan Goytisolo en El País (14-03-2011)

Read Full Post »

Italo Calvino

Italo Calvino

Como prólogo a Por qué leer los clásicos, una colección de ensayos y artículos sobre los libros y autores que marcaron su vida, Italo Calvino intentó definir el concepto de clásico mediante una lista en que sumó la fineza de buen lector a su penetrante discernimiento.

En sucesivas entradas comentaremos también las ideas de Borges al respecto. Hoy nos limitamos a enunciar ese decálogo ampliado y a destacar un fragmento del apartado 9.

¿Qué es un clásico?

1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».

2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.

4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.

5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura. La definición 4 puede considerarse corolario de ésta.

6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

7. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).

8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.

10. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.

11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía.

13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

(1981)

El párrafo que quiero comentar expande la novena definición y alude a la función de la escuela. En él se muestra tajante: la escuela no puede prescindir de los clásicos, debe darlos a conocer “bien o mal” para que luego los estudiantes puedan elegirlos o rechazarlos. Los clásicos son necesarios, pero si no nos atraen, no hay que amargarse. Ya llegará (o no) el momento adecuado. La libertad de leer lo que nos gusta es mucho más esencial, y no podemos renunciar a ella. Dice así:

Naturalmente, esto sucede cuando un clásico funciona como tal, esto es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección; pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de cualquier escuela.

El texto completo de ese prólogo revelador está accesible en varios sitios de Internet, por ejemplo en la página que le dedica Ediciones del Sur  de Córdoba (Argentina) al autor italiano: Por qué leer los clásicos.

Referencias:

Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona. Páginas 13-20.

Read Full Post »

Older Posts »