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Andrés Neuman recita tres poemas en la Feria del Libro de Granada 2007

Frente a la abierta ruptura del consenso entre los especialistas anglosajones respecto a los autores que deben enseñarse en institutos y facultades, el caso de la literatura en español parece algo diferente. De momento, el acuerdo sobre la lista fundamental se mantiene y la construcción de cánones alternativos avanza muy lentamente. El motivo es sencillo: una gran mayoría de los escritores de nuestro ámbito lingüístico tienen el sentimiento compartido de pertenecer a una esfera común de experiencias y referentes culturales.

En un artículo publicado recientemente en Signa y que ya está digitalizado (Razones para un canon hispánico), José María Pozuelo Yvancos comenta seis de los principales factores que dan cohesión a la literatura actual en castellano y permiten hablar de la existencia de un canon literario supranacional en lengua castellana. Serían los siguientes:

1) el Quijote en particular y la literatura de nuestro Siglo de Oro en general como referentes ineludibles, compartidos y asumidos como propios en todas las latitudes hispanohablantes. Con esa literatura nace verdaderamente la literatura hispánica –más allá de lo castellano, español o ibérico- y a ella se remiten, no ya sólo por filiación natural sino sobre todo por afiliación voluntaria, la gran mayoría de los escritores de la constelación literaria hispanoamericana.

2) el papel desarrollado por dos proyectos recientes que llevan el nombre de Cervantes: el Premio Cervantes y el Instituto Cervantes. El primero porque galardona a españoles y americanos sin distinción; y el segundo, porque asume como propia toda la cultura hecha en español y la divulga en sus clases, bibliotecas y exposiciones.

3) la profunda influencia mutua entre la literatura escrita a ambas orillas del atlántico. Es evidente que la novela latinoamericana moderna no se entiende sin el Lazarillo o sin Cervantes, igual que la Generación del 27 no se entiende sin Rubén Darío. A lo que hay que sumar el aprecio y el estudio mutuos, tanto a nivel escolar como universitario, de las literaturas hechas en ambas márgenes del océano.

4) los múltiples intercambios, a menudo forzados por exilios políticos o económicos entre España y América. Si Cuba, Venezuela, México o Argentina fueron refugio o tierra de promisión para emigrantes y exiliados forzosos de la Península durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, el fenómeno se produjo en sentido inverso a partir de 1960 como consecuencia de las dictaduras y la crisis económica de Latinoamérica.

5) la labor entusiasta de los hispanistas de todo el mundo, cifrada en la creación de la AIH (Asociación Internacional de Hispanistas) y desarrollada en los excelentes departamentos de español de las universidades norteamericanas, británicas, francesas, etc.

6) la intensa actividad editorial, transversal a todo el ámbito hispánico. Recordemos dos ejemplos: la importancia de Seix Barral (Barcelona) para el “boom latinoamericano” y el papel desarrollado por el FCE (México) o Losada (Buenos Aires) en la difusión literaria y el desarrollo de los estudios universitarios en la España franquista.

En esta línea de afiliación a una cultura en que las nacionalidades se diluyen en el lenguaje, se encuentra el argentino residente en Granada Andrés Neuman, ganador del último XII premio Alfaguara de novela con El viajero del siglo.

En la reseña que hizo Javier Rodríguez Marcos de la entrega del premio para El País (Literatura hispana para un futuro sin prejuicios, 27-05-09) se reproducen sus palabras hablando justamente de esa generación de escritores de ida y vuelta, de esos autores que, como él, escriben en “un castellano de todas partes y ninguna, que es la lengua natural de muchos emigrantes y de su mundo movedizo”.

Entre otras afirmaciones, Neuman reivindica la novedad de esta literatura en español, caracterizada por una clara desterritorialización que se manifiesta “situando sus historias en lugares remotos, o bien proyectando una mirada extranjera sobre lugares teóricamente propios” y que es resultado del consciente “abandono del propósito de encarnar determinadas esencias nacionales y políticas. Las primeras tienen que ver con la idea de patria y exilio en su sentido ortodoxo. Las segundas, con cierta forma de entender el compromiso político. Que no se está perdiendo, sino reformulando.”

Aquí lo dejamos. De los cánones alternativos y de la crítica cultural y poscolonial al canon “tradicional” hablaremos otro día. Salud.

Referencias:

José María Pozuelo Yvancos (2009): “Razones para un canon hispánico”, en Signa, número 18, 87-97. Madrid: UNED. Accesible en la Biblioteca virtual Cervantes. Documento en pdf.

Índice completo del número 18 (2009) de la revista Signa.

Web oficial del escritor Andrés Neuman: http://www.andresneuman.com/

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