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Posts Tagged ‘canon literario’

Fray Luis de LeónÉste es el título de una muy acertada selección de textos que publicó en 2001 la editorial Crítica bajo la dirección del editor Gonzalo Pontón. Hoy resulta difícil de encontrar, pero constituye una magnífica antología de fragmentos de la literatura española –aquí en su doble sentido, lingüístico y nacional- desde la Edad Media hasta fines del siglo XIX, desde el Cid hasta Clarín. Deliberadamente queda fuera todo el siglo XX, quizá por lo delicado de la cuestión, por la abundancia de nombres o por no alargar el volumen más allá del juego de palabras.

Todos los textos se nos presentan “a pelo”, sin notas ni introducción ninguna. Son, lisa y llanamente, fragmentos escogidos que se nos ofrecen tal cual, en una buena versión pero sin más, totalmente desnudos. Textos imprescindibles listos para gustar por vez primera o para saborear de nuevo, en relectura morosa y placentera, con el tiempo necesario y la conciencia inevitable de estar ante pasajes amados en versión original, sin intermediarios.

Dice en el prólogo Francisco Rico que las antologías de lecturas le ganaron para la literatura, pues no en vano en cada pieza bien elegida se muestra la excelencia de la obra completa. Además, toda recopilación selecta tiene dos ventajas. La primera es segura, ya que convida sin demora a recordar episodios memorables. La segunda ya es más discutible; según él, quizás “quien comience haciendo zapping en los clásicos” acabará leyéndolos enteros.

Yo no estoy tan seguro, pero sí creo que casi todo lector de clásicos nace de una buena selección escolar, de un repertorio limitado de escenas, episodios o versos muy logrados que luego se amplia con el interés primero y la devoción después. En mi caso fue así, al menos. En una casa humilde en la que los únicos textos en letra impresa eran los prospectos de medicamentos, la irrupción del extinto diario Pueblo, que mi padre empezó a comprar por las tardes cuando salía del trabajo, fue el detonante de una avidez lectora pronto acompañada por tebeos y novelitas baratas de mis primos mayores, y finalmente estimulada para siempre por los cuentos, poemas y demás varia literatura de antologías escolares como aquel Senda de 3º de EGB, aquella antología de lecturas de Santillana ilustrada por José Ramón Sánchez, el de la historia de Pandora, la casa roja y sus amigos…

Por aquello de comparar, revisar y cotejar cuando y cuanto haga falta, aquí va la lista seleccionada por Pontón en el librito, toda ella de dominio público y bien accesible en la red por si gustan:

1. Cantar de Mio Cid: “La partida hacia el destierro”, versos 1 a 64.

2. Don Juan Manuel: Conde Lucanor. Enxiemplo XI: “De lo que aconteció a un deán de Santiago con don Illán, el gran maestro de Toledo.”

3. Romancero: “Sueño de doña Alda”, “El infante Arnaldos”, “El prisionero” y “Fontefrida”.

4. Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre. Parte inicial: estrofas 1 a 13, sobre la brevedad de la vida.

5. Fernando de Rojas: La Celestina. Acto I, escena de la corrupción de Pármeno.

6. Garcilaso de la Vega: Soneto XXIII (“En tanto que de rosa y azucena…”) y vv.239-407 de la Égloga I con el lamento de Nemoroso (“Corrientes aguas puras, cristalinas…”).

7. Lazarillo de Tormes. Parte inicial del Tratado III, encuentro de Lázaro con el escudero.

8. Fray Luis de León: Poesía. “A la vida retirada” (Oda I) y “A Francisco Salinas” (Oda III).

9. San Juan de la Cruz: Poesía. “Noche oscura”, “Otras canciones a lo divino, de Cristo y el alma” (“Un pastorcito solo está penando…”) y “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe” (“Que bien sé yo la fonte que mana y corre…”).

10. Miguel de Cervantes: Aventura de los molinos de Don Quijote de la Mancha (capítulo VIII); y episodio del patio de Monipodio en “Rinconete y Cortadillo”, una de sus Novelas ejemplares.

11. Lope de Vega: Poesía. “Mira, Zaide, que te digo…”, “Esparcido el cabello por la espalda” y “Belardo a Amarilis” (epístola séptima, vv. 154-280).

12. Luis de Góngora: Fábula de Polifemo y Galatea. Estrofas 4 a 14, descripción de la cueva, el cíclope y la ninfa.

13. Francisco de Quevedo: Poesía. “¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?…”; “Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!…”; “Hermosísimo invierno de mi vida…”; “¡Ay, Floralba! Soñe que te… ¿Dirélo?…”; “Cerrar podrá mis ojos la postrera…” y “Yacen en esta rica sepultura…”

14. Pedro Calderón de la Barca: El gran teatro del mundo. Versos 1-278, con el diálogo del autor (Dios) y el mundo, visto como una representación.

15. José de Cadalso: Cartas marruecas. Carta 38, de Gazel a Ben Beley, sobre el orgullo hispano.

16. Leandro Fernández de Moratín: El sí de las niñas. Acto III, escena X, en que el viejo Don Diego descubre la falsedad de su jovencísima prometida.

17. Mariano José de Larra: Artículos. “Vuelva usted mañana.” Sobre la ineficaz burocracia.

18. José Zorrilla: Don Juan Tenorio. Acto I, escenas XI y XII, versos 305-699 con el desafío en la taberna entre Don Juan y Don Luis.

19. Gustavo Adolfo Bécquer: Leyendas. “Los ojos verdes”. De la atracción fatal por las ninfas de las fuentes.

20. Benito Pérez Galdós: Trafalgar. Capítulo XI. El fragor de la famosa batalla.

21. Leopoldo Alas “Clarín”: “Adiós, Cordera”. Cuento triste sobre las paradojas del progreso, la vida rural asturiana y la injusticia social.

Referencias:

Gonzalo Pontón (selecc.) (2001): Veintiún clásicos para el siglo XXI. Barcelona, Crítica. Presentación de Francisco Rico.

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Don Quijote y Sancho, por Doré

Don Quijote y Sancho, por Doré

Otra muestra de lo mucho que preocupa el tema del canon literario en la Educación Secundaria nos la proporciona la convocatoria que para este mes de julio nos hace la FASPE (Federación de Asociaciones de Profesores de Español) a través de su página web. En su XII Simposio el tema elegido es “El canon literario: función y mito.”

Las sesiones, organizadas por la APE “Francisco de Quevedo” de Madrid en colaboración con el ICE de la UAM, presentan un formato variado que incluye conferencias, mesas redondas y breves comunicaciones. La mayoría de actos se celebran en el IES Cervantes (c/ Embajadores 70. Madrid) desde el 2 al 4 de julio y la inscripción queda abierta hasta el mismo día de inicio del curso a las 9 de la mañana.

Además de las actividades más o menos académicas, se pretende estimular la reflexión didáctica y la charla distendida entre colegas, por lo que el programa incluye un atractivo repertorio de visitas a lugares emblemáticos de Madrid (diferentes rutas literarias, Residencia de Estudiantes, BNE, CDN, Aranjuez…) y la asistencia a algunas representaciones teatrales. Para más información, se puede descargar el programa completo en la página web de la federación.

Sin duda, es una buena excusa para escuchar, comentar y exponer puntos de vista diferentes sobre cómo abordar la enseñanza de los clásicos en nuestras aulas. Aunque no se requieren demasiadas excusas para darse una vuelta por la capital del reino y disfrutar de su oferta cultural, ésta es una más y no una menor. Así que me escaparé cuatro días a ver qué tal.

Referencias:

Página web de la FASPE: http://faspe.org/

APE “Francisco de Quevedo”: http://www.apequevedo.com/

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Friedrich Hölderlin

Friedrich Hölderlin

Son varios los principales factores que determinan el canon literario. Entre otros, tienen singular relevancia los programas escolares, los éxitos editoriales, las reseñas críticas especializadas, las historias “oficiales” de la literatura –especialmente en su nivel universitario o académico-, las traducciones a otros idiomas y, por supuesto, las antologías o florilegios.

Sobre todo en el ámbito de la poesía, la antología ha cobrado un carácter canonizador indiscutible. Seguramente podemos ponernos de acuerdo rápidamente en algunas novelas fundamentales de esta o aquella época, tradición, lengua o cultura; pero ¿y en la poesía? ¿Cómo arbitrar unos pocos nombres sin la labor de los antólogos reconocidos?

El problema hoy, aunque quizá también siempre, es que las antologías de poesía contemporánea dependen demasiado de capillitas y amistades más o menos confesables, o cuanto menos, adolecen de falta de perspectiva histórica, de tiempo para el reposo y la decantación. Con las antologías académicas, la cosa cambia; aquí los clásicos suelen aparecer de forma práticamente indiscutible, aunque eso sí, cada escuela cambia ligeramente el enfoque y destaca unos valores mientras minimiza otros.

Anteayer era noticia en El País la aparición casi simultánea de dos recopilaciones que se insertan plenamente en esa loable intención de hacer accesible y cercana la gran poesía al público general. Y los autores no son como para pasar por alto su propuesta.

En el primer caso, el profesor y académico Francisco Rico acaba de publicar, con la colaboración de Rosa Lentini, Mil años de poesía europea, una extensa y bien documentada antología que abarca desde la “canción de mujer” tradicional del siglo XI hasta la obra de la Nobel polaca Wislawa Szymborska.

Y en el segundo, el poeta leonés Antonio Colinas nos ofrece una selección escolar hispánica, Nuestra poesía en el tiempo (una antología), en que junto a los nombres conocidos y previsibles recupera a algunas figuras olvidadas y apuesta con especial fuerza por los poetas latinoamericanos contemporáneos.

Con tantas facilidades, cada vez nos quedan menos excusas para no sabernos “de pe a pa” la cartilla poética, la de allá y la de acá. Así que, señores antólogos, pónganme otro soneto, por favor, que todavía es pronto.

Como complemento, apunto en el pie algunos artículos de interés sobre el tema.

Referencias:

Francisco Rico y Rosa Lentini (2009): Mil años de poesía europea. Barcelona, Backlist.

Antonio Colinas (2009): Nuestra poesía en el tiempo. Madrid, Siruela.

Página web de Antonio Colinas: http://www.antoniocolinas.com/

Juan Domingo Vera Méndez (2005): “Sobre la forma antológica y el canon literario.” En Espéculo, Revista de estudios literarios. Madrid, Universidad Complutense. Artículo accesible en red.

Antonio Crespo: “La poesía y los márgenes.” En Viento Sur, 91, abril de 2007. Documento en pdf.

Poesía para los que no leen poesía“, artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (16-06-2009).

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Alberto Manguel (Claudio Álvarez para "El País")

Alberto Manguel (foto de Claudio Álvarez para "El País")

El amor por la lectura se aprende, pero no se enseña. Nadie puede obligarnos a enamorarnos.

Alberto Manguel

El autor de la imprescindible Una historia de la lectura selecciona en Diario de lecturas (2004) doce libros decisivos en su formación como lector. La lista es un tanto heterodoxa, pero no se puede negar la capacidad de atracción de ninguno de los títulos. Ganan las novelas, como es obvio, pero también hay ensayos.

Conclusión: en el fondo, todo canon con pretensiones “universales” no es más que una lista de obras importantes en nuestra vida que podemos recomendar con gusto y la mejor intención. Eso sí, el problema sigue siendo siempre a quién y para qué. La relación de Manguel, verdaderamente esencial, es ésta:

1. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

2. La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares.

3. Kim de Rudyard Kipling.

4. Memorias de ultratumba de François R. de Chateaubriand.

5. La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells.

6. El signo de los cuatro de Arthur Conan Doyle.

7. El viento en los sauces de Kenneth Grahame.

8. Las afinidades electivas de Johann W. Goethe.

9. El desierto de los tártaros de Dino Buzzati.

10. El libro de la almohada de Sei Shonagon.

11. Resurgir de Margaret Atwood.

12. Memorias póstumas de Blas Cubas de Joaquim M. Machado de Assís.

Aparte, en su página web, enteramente en inglés, Manguel nos deja una selección de 100 títulos recomendados que bien puede ser el ejemplo de lista selecta a que todo canon aspira. Sin más argumentos que el gusto propio y el repaso a lo largo de la existencia del hombre, la trascendencia y la “universalidad” en el sentido del impacto de cada libro en otras culturas, más o menos lejanas.

El punto de vista anglocéntrico es evidente, pero en lo que se llama por aquí “Literatura Universal” ya se sabe que prima lo occidental y más concretamente lo anglosajón, blanco y protestante. Como en casi todo, quien da primero, da dos veces.

Vean la lista alfabética de autores en pdf: 100 favourite books. Luego pasen y discutan o comenten, si les apetece.

Referencias:

Web oficial de Alberto Manguel (en inglés).

Alberto Manguel (2004): Diario de lecturas. Madrid, Alianza.

“Leer será en el futuro un acto de rebeldía”, entrevista publicada en El País (13-01-2007).

Por aquello de las casualidades o las coincidencias, el mismo título de Diario de lecturas tienen dos interesantes blogs: el de Vicente Luis Mora sobre crítica literaria, y el de Eugenio Sánchez Bravo sobre filosofía.

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Supuesto retrato de Cervantes por Juan de Jáuregui

Supuesto retrato de Cervantes por Juan de Jáuregui

Si Shakespeare es para Bloom la cifra y el modelo a imitar, la vara de medir y en definitiva el centro del canon occidental, en el caso de la literatura en lengua castellana hay que constatar dos siglos dorados y en cada uno una estrella fulgurante: para el siglo XVII, Cervantes; y para el XX, Borges.

En el primero, la metrópoli imperial, con capital en el Madrid de Alatriste, era el centro de la galaxia literaria hispánica y alumbró el llamado Siglo de Oro español, período de una trascendencia difícil de igualar en todos los géneros literarios: teatro, poesía y novela. Es el tiempo en que las letras hispánicas se erigen en referentes de calidad para toda la cultura europea. Pensemos en el Lazarillo, en la “comedia nueva” de Lope, en Quevedo, en Góngora y Calderón, y por supuesto, en Cervantes y el Quijote.

Es la época de los viajes a Roma y a Nápoles, las batallas con los turcos por controlar el Mediterráneo, las luchas en Flandes, la rivalidad con Inglaterra y Francia, la salvaje conquista de América, la intolerancia religiosa y el misticismo, el arte de Ribera, Velázquez o Zurbarán…

En este período se gesta la leyenda negra, el denso imaginario que pervivirá en el norte de Europa durante siglos y que pinta a los españoles como fanáticos, crueles, tiránicos y codiciosos. Y a la vez se construye un imperio ultramarino que extiende la lengua española por todo el planeta. Época, al fin, de esplendor deslumbrante y sombras terribles, tan miserable como magnífica, con los claroscuros y las contradicciones vibrantes del arte barroco, centuria prodigiosa que se extiende de 1550 a 1650.

Y en ella Cervantes es el centro, el resumen y la superación genial de toda la literatura renacentista: porque domina y funde en el Quijote todos los géneros narrativos, porque explora y desarrolla elementos y fórmulas narrativas novedosas, porque crea un relato “saco” en que cabe de todo (comedia, fantasía, aventura, filosofía), porque crea ambientes y personajes inolvidables, porque divierte y alecciona a la vez, y además lo hace con símbolos y materiales extraordinarios en su simplicidad, en un tono menor, llano y a la vez preñado de una ironía finísima que todo lo atraviesa y a todo da un doble sentido.

Pero el metro de platino es doble: y si Cervantes ilumina hasta la mitad del siglo XVII, luego la llama se apaga y, la literatura en castellano sólo resurgirá con auténtico brío y originalidad tras la puesta a punto modernista, en la América de principios del siglo XX, primero con Rubén Darío y luego con Borges. Porque con este último se resumen y se superan definitivamente el romanticismo y el realismo decimonónicos.

Borges es un escritor total y su obra -como dijo él mismo refiriéndose a Quevedo- equivale a una literatura completa. En él se manifiestan tanto el ímpetu ilustrado dieciochesco, con su gusto por la cultura enciclopédica y el ensayo riguroso de estirpe racionalista, como la exaltación romántica y expresionista que no retrocede ante audacias verbales y sentimentales. Con él entra de nuevo el Oriente en la literatura castellana: el Bhagavad-Gita, las 1001 noches, Confucio y Lao Tse, la sombra del Buda y los últimos narradores japoneses. Nada escapa a su interés, desde los mitos precolombinos a los místicos sufíes o las sagas islandesas. En todo, Borges va un punto más allá que el resto: enlaza sin esfuerzo la tradición hispánica con la anglosajona, sumergiéndonos en un vasto repertorio de lecturas universales; desarrolla símbolos y tramas perfectas; y sobre todo, lleva al límite la precisión estilística en ensayos, relatos y poemas de innegable belleza.

Y así es, en América y en torno a Borges, donde y como surge la mejor literatura contemporánea en español, la que llega más viva y pujante hasta hoy, la que tiene más éxito mundial y se perfila como el canon más difundido en ventas de ejemplares, en escuelas y universidades, en la red y en los medios de comunicación en este principio del siglo XXI: García Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende…

Porque de Borges han bebido todos: los escritores del “boom” latinoamericano y los nuevos narradores peninsulares, los que están en ciernes o en potencia y los consagrados. Todos reconocen su magisterio y siguen su estela, cada uno a su manera, eso sí. Su lectura resulta, pues, además de un reto, un descubrimiento continuo y un gran placer, una tarea ineludible.

 Referencias:

Miguel de Cervantes (1605-1615): El ingenioso hidalgo Don Qvixote de la Mancha. Juan de la Cuesta, Madrid.

Jorge Luis Borges (1989): Obras completas (3 vols). Emecé editores, Barcelona.

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Qué leer

biblioteca

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.

Jorge Luis Borges, Biblioteca personal.

Al hilo de la entrada anterior, quiero proponer una reflexión sobre las listas de clásicos. Borges aceptó al final de su vida prologar una colección de cien obras fundamentales que se iban a editar bajo su auspicio. Lamentablemente, el proyecto quedó inacabado porque no tuvo tiempo más que para escribir 64 de los textos que debían servir de  presentación.

No obstante, esa Biblioteca personal, luego publicada en forma de libro, hoy nos sirve para tener un claro reflejo de sus gustos literarios y de su particular  y apasionante viaje como lector a lo largo de la vida. Disculpando algunas arbitrariedades inevitables, ese somero catálogo que el lector curioso puede conocer a través de las referencias al pie, constituye una excelente prescripción de lecturas, bastante escorada por supuesto hacia Occidente y el mundo anglosajón, pero sin duda fácil de aceptar como una lista casi canónica de algunas de las mejores lecturas posibles en este período frenético de transición entre siglos y eras.

Si lo que buscamos al fin y al cabo son buenas guías de lectura, buenas selecciones de autores y libros, propongo empezar por esta lista exquisita -disculpemos sus omisiones recordando que es incompleta- y cotejarla con otras que nos dejan a menudo los buenos lectores, sean estos quienes sean: escritores, estudiosos, periodistas culturales o el “vulgo” mediante sus comentarios boca-oreja y sus compras del 23 de abril. Al final es él quien da el verdadero éxito a unos y lo niega a otros por motivos que no siempre son fáciles de entender.

Referencias:

Jorge Luis Borges (1988): Biblioteca personal. Alianza editorial, Madrid.

Hay una interesante iniciativa para “colgar” en la red los 64 libros recomendados por Borges en su Biblioteca personal. Se encuentra en Planeta Sedna.

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aleph

Felizmente, no nos debemos a una sola tradición. Podemos aspirar a todas.

Jorge Luis Borges

El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) es ya un clásico de la literatura mundial. Quizá es el que mayor reconocimiento internacional ha tenido de todos los autores en español del siglo XX. La crítica y el público lo aprecian. Aparece reivindicado por autores europeos, americanos y de otras latitudes y longitudes. Lo comenta Italo Calvino en su ensayo citado días atrás, lo selecciona Harold Bloom como pieza central de su parnaso particular y lo encontramos, por ejemplo, en casi todas las antologías generales del influyente mercado cultural norteamericano, como la Norton Anthology of Western Literature o la Longman Anthology of World Literature.

Borges, con sus poemas y sus relatos breves, como El aleph (1949) o El sur (1956) por citar algunos, alcanza una densidad significativa y una belleza sin discusiones. Es un maestro del verso, del cuento literario y de un género híbrido que cultivó como nadie: el ensayo o disquisición cultural en que liga historia, filosofía y crítica literaria con la pura invención y la magia verbal.

Por ello, las ideas de Borges sobre literatura son siempre valiosas. En “Sobre los clásicos”, ensayo incluido en Otras inquisiciones (1952), Borges nos habla de su concepto de clásico. Tomando como ejemplo el caso del I ching, un libro de filosofía y adivinación del que Confucio dijo que dedicaría cincuenta años a estudiarlo, nos dice:

Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Previsiblemente, esas decisiones varían.

Así es: los clásicos nos vienen de la tradición y exigen un acto de fe previo. Sin embargo, esa determinación colectiva no es inmutable, cambia con el tiempo, lo que nos lleva a admitir su arbitrariedad al menos relativa. De esta manera podemos entender por qué cada pueblo o cultura tiene sus clásicos y por qué clásicos de otro tiempo han caído en el olvido, mientras que obras olvidadas han sido recuperadas definitivamente para la posteridad.

Pero más allá del miope nacionalismo cultural, según el cual el Fausto es esencial para los alemanes, el Paraíso perdido lo es para los ingleses, la Divina Comedia lo es para los italianos, y así ad infinitum, hay lugar para la renovación o sustitución del canon establecido, porque los criterios pueden modificarse y dependen en última instancia de dónde se pueda encontrar la gran literatura. Abrir el canon, he aquí buena parte del reto. Sigue Borges:

Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero. Así, mi desconocimiento de las letras malayas o húngaras es total, pero estoy seguro de que si el tiempo me deparara la ocasión para su estudio, encontraría en ellas todos los alimentos que requiere el espíritu. Además de las barreras lingüísticas, intervienen las políticas o geográficas.

En la letra de un tango, en una frase espigada al azar en el discurso de un niño, en un párrafo oculto en las columnas de un diario… La belleza literaria puede estar en cualquier parte y no hay un don magnífico o especial que se otorgue sólo a unos pocos elegidos para que revistan todo cuanto tocan o dicen de hermosura. Unos son más afortunados que otros en talento y arte, pero la maravilla de la literatura es infinita y reside básicamente en la propia mirada y en la propia sensibilidad para encontrarla. Como dice Borges:

La gloria de un poeta depende, en suma, de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba en la soledad de sus bibliotecas.

El lector en el centro. Saber leer. He ahí la clave auténtica. Saber encontrar el diamante en el barro o en el campo florido. Y a la vez tener conciencia del límite de lo que podemos conocer y la seguridad de que tantas cosas valen la pena y pueden ser geniales, pero nunca accederemos a ellas porque nuestra lengua, nuestra mente y nuestra biblioteca son finitas. Y además, tener conciencia de los propios prejuicios, porque a veces no leemos a ciertos autores o los ignoramos deliberadamente porque no nos caen bien, o porque no son de nuestra cuerda ideológica o porque la cultura en que se insertan  nos produce rechazo por motivos personales,  políticos o históricos. ¿Cómo leer en alemán después de haber sido torturado en Auschwitz? ¿Cómo leer al palestino Mahmud Darwish siendo israelí, aunque el poema sea tan revelador del conflicto entre ambos pueblos como Él está tranquilo? ¿Cómo valorar a Amos Oz siendo un huérfano de guerra en la Franja de Gaza? Sigue Borges:

Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud. Se gastan a medida que los reconoce el lector. De ahí el peligro de afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre.

El amor es eterno mientras dura -dice un adagio popular. El clásico se mantiene entre los elegidos mientras goza de fama incontestable, mientras tiene ese prestigio tan peligroso que lo relega al estante más alto, mientras incita y a la vez retrae a los no iniciados. Y termina Borges con el resumen de su tesis:

Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.

Aquí Bloom y su criterio de la “supremacía estética” se van al traste. Porque ¿en qué criterios estrictos, explícitos y objetivables, estaría fundada esa “supremacía estética”? La pregunta es central. Exploremos esas “diversas razones” y tendremos los fundamentos del canon: el por qué una obra se convierte en un clásico y otra similar no.

Las razones, lo veremos despacio, son de diferente orden y en buena parte obedecen al azar histórico, a veces reversible en lo que a juicios literarios y galerías de elegidos se refiere. Pero está claro que, entre los motivos destacables, esa “devoción previa” de que habla Borges es esencial. Producto del prestigio escolar, académico o del tipo que sea, esa pátina de atractivo antiguo pero imperecedero, de objeto “con clase” y “de clase”, revestido de un aura misteriosa y elegante, es un requisito ineludible. Que no constituya una barrera infranqueable para las nuevas generaciones es nuestra tarea.

Referencias:

Jorge Luis Borges (1952): “Sobre los clásicos” en Otras inquisiciones. Incluido en Obras completas. Volumen II (1952-1972). Emecé editores, Barcelona, 1989. Página 151.

  • Se puede leer el texto completo en un documento pdf clicando en el enlace Sobre los clásicos.

Homenaje a Mahmud Darwish en Ramala, tribuna de Juan Goytisolo en El País (14-03-2011)

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