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Canon y antologías

Friedrich Hölderlin

Friedrich Hölderlin

Son varios los principales factores que determinan el canon literario. Entre otros, tienen singular relevancia los programas escolares, los éxitos editoriales, las reseñas críticas especializadas, las historias “oficiales” de la literatura –especialmente en su nivel universitario o académico-, las traducciones a otros idiomas y, por supuesto, las antologías o florilegios.

Sobre todo en el ámbito de la poesía, la antología ha cobrado un carácter canonizador indiscutible. Seguramente podemos ponernos de acuerdo rápidamente en algunas novelas fundamentales de esta o aquella época, tradición, lengua o cultura; pero ¿y en la poesía? ¿Cómo arbitrar unos pocos nombres sin la labor de los antólogos reconocidos?

El problema hoy, aunque quizá también siempre, es que las antologías de poesía contemporánea dependen demasiado de capillitas y amistades más o menos confesables, o cuanto menos, adolecen de falta de perspectiva histórica, de tiempo para el reposo y la decantación. Con las antologías académicas, la cosa cambia; aquí los clásicos suelen aparecer de forma práticamente indiscutible, aunque eso sí, cada escuela cambia ligeramente el enfoque y destaca unos valores mientras minimiza otros.

Anteayer era noticia en El País la aparición casi simultánea de dos recopilaciones que se insertan plenamente en esa loable intención de hacer accesible y cercana la gran poesía al público general. Y los autores no son como para pasar por alto su propuesta.

En el primer caso, el profesor y académico Francisco Rico acaba de publicar, con la colaboración de Rosa Lentini, Mil años de poesía europea, una extensa y bien documentada antología que abarca desde la “canción de mujer” tradicional del siglo XI hasta la obra de la Nobel polaca Wislawa Szymborska.

Y en el segundo, el poeta leonés Antonio Colinas nos ofrece una selección escolar hispánica, Nuestra poesía en el tiempo (una antología), en que junto a los nombres conocidos y previsibles recupera a algunas figuras olvidadas y apuesta con especial fuerza por los poetas latinoamericanos contemporáneos.

Con tantas facilidades, cada vez nos quedan menos excusas para no sabernos “de pe a pa” la cartilla poética, la de allá y la de acá. Así que, señores antólogos, pónganme otro soneto, por favor, que todavía es pronto.

Como complemento, apunto en el pie algunos artículos de interés sobre el tema.

Referencias:

Francisco Rico y Rosa Lentini (2009): Mil años de poesía europea. Barcelona, Backlist.

Antonio Colinas (2009): Nuestra poesía en el tiempo. Madrid, Siruela.

Página web de Antonio Colinas: http://www.antoniocolinas.com/

Juan Domingo Vera Méndez (2005): “Sobre la forma antológica y el canon literario.” En Espéculo, Revista de estudios literarios. Madrid, Universidad Complutense. Artículo accesible en red.

Antonio Crespo: “La poesía y los márgenes.” En Viento Sur, 91, abril de 2007. Documento en pdf.

Poesía para los que no leen poesía“, artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (16-06-2009).

Constelaciones literarias

Constelaciones literarias

Decíamos en el “post” anterior que hablaríamos despacio del interesante planteamiento que hace la profesora Guadalupe Jover para abordar la enseñanza de la literatura a los adolescentes. Ella lo llama constelaciones literarias y viene a ser algo así como partir de ciertos temas de interés indudable para los alumnos (y para cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad, diría yo) y crear un itinerario de lecturas abierto en el que alternen textos actuales y antiguos, literarios y no literarios, de nuestra tradición o de otras, de manera que la literatura “clásica” se inserte sin prejuicios en la experiencia vital e intelectual de los jóvenes.

En Un mundo por leer (2007) nos da algunos ejemplos de esas constelaciones literarias, planteadas como una seria alternativa a la historia de la literatura nacional. Son las siguientes: 1) Los amores difíciles; 2) La sed de aventuras; 3) Moverse de casa; 4) El bien y el mal; 5) La paz y la guerra; 6) Utopías y contrautopías; 7) El ser humano y la naturaleza; 8) El dolor y la pérdida. De todas ellas nos ofrece una justificación, un listado de lecturas posibles y algunas pistas sobre cómo desarrollar el trabajo con alumnos y alumnas de una etapa tan complicada.

Así mismo, en el artículo “Se está haciendo cada vez más tarde: Por una literatura sin fronteras” (2008) -incluido en el muy recomendable volumen colectivo Textos literarios y contextos escolares: la escuela en la literatura y la literatura en la escuela– Jover propone otro catálogo similar de constelaciones que, de entrada, me parece bastante apropiado para enfrentar esa difícil tarea de motivar a la lectura literaria en ESO y Bachillerato. Les hago un pequeño resumen.

Jover parte de una cierta simplificación de los intereses juveniles por edades. Si en la etapa 12-14 la atracción por las aventuras, las historias de misterio, fantasía y acción es predominante; con la entrada plena en la pubertad (14-16 años), empieza una mayor búsqueda de identidad y por lo tanto, de referentes válidos que ayuden a los chicos y chicas a sentirse “menos raros”. Un poco más adelante, sobre los 16-18 años, aumentan la curiosidad por el mundo exterior, los debates de tipo ético, el impulso solidario y la conciencia política. Siguiendo esta idea básica, ella plantea las siguientes “constelaciones”:

Etapa Temática dominante Constelaciones literarias
12-14 Aventura, fantasía y misterio En busca del tesoro

La venganza del tirano o la búsqueda del criminal

A sangre fría

14-16 El mundo del yo, emociones y sentimientos Raros

Querido diario

El amor y sus alrededores

Te escribiré

Hay golpes en la vida, tan fuertes…¡yo no sé!

16-18 Problemas de nuestro mundo Moverse de casa

En pie de guerra. En pie de paz

Amarrados a la tierra

Fronteras de la ciencia

Cada apartado de los mencionados no pretende ser un catálogo temático de obras, sino un simple ejemplo de cómo abordar la materia de forma diferente, ensanchando los límites de lo que puede ser un buen curso de literatura. Según Jover, cada propuesta debería abrirse a todos los actores implicados en la educación literaria de los adolescentes y graduarse adecuadamente para que, partiendo de textos sencillos y atractivos, se iniciara un recorrido lector sin punto de llegada fijo. De esta manera que algunos participantes, los más entusiastas, podrán llegar a leer en profundidad un número considerable de obras, mientras que los menos activos alcanzarán al menos un mínimo de desarrollo lector y de conocimientos. Además, siempre resulta esencial en este proyecto reservar todo el tiempo necesario para hablar de las lecturas y compartir la experiencia.

Pero, ¿cómo hacer todo esto en clase? Porque, claro, este planteamiento exige renunciar, al menos en parte, al currículum oficial marcado por la administración. Aquí está el reto. La oportunidad nos la da lo que quede de autonomía en la programación de cada departemento y cada aula y la voluntad firme de cada uno de enseñar a leer literatura, más que mostrar datos y conceptos. No es fácil.

Algunos ejemplos en la práctica

Como muestra plenamente desarrollada de una de esas constelaciones literarias, tenemos en Internet el dossier colectivo titulado Constelaciones literarias. ‘Sentirse raro. Miradas sobre la adolescencia’, publicado como separata del boletín Libro Abierto 35 por el entusiasta y laborioso equipo de Biblioteca Escolar – CREA de la provincia de Málaga. En este trabajo se analizan siete obras literarias interconectadas: Diario de Ana Frank, Hoyos de Louis Sachar, El anillo de Irina de Care Santos, Flores para Algernon de Daniel Keyes, El baile de Irène Némirovsky, Colmillo Blanco de Jack London y Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain. De todas ellas se nos ofrece una guía de lectura íntegra y una amplia propuesta de actividades.

Otro ejemplo de aplicación del concepto de constelación literaria es el llevado a cabo en el IES Monastil de Elda (Alicante). Se aplica a la lectura del Frankenstein de Mary Shelley y su referencia es ésta:

http://iesmonastil.blogspot.com/2008/02/el-mito-de-frankenstein-y-sus.html

Otros usos de la “constelación literaria”

Un concepto interesente vinculado a la expresión “constelación literaria” es la teoría de los polisistemas, expuesta por el israelí Itamar Even-Zohar, según la cual el canon literario es un “polisistema dinámico” en el que algunas obras estarían en el centro (los clásicos ya aceptados como tales) y otras en el exterior (las obras de mérito pero sin reconocimiento unánime); no obstante, todas están sometidas a cambios de criterio a lo largo del tiempo, por lo que algunos clásicos pierden su condición mientras otras creaciones ocupan su lugar.

Finalmente, la idea de “constelación literaria” también puede aplicarse al elenco brillante de obras y autores destacados de un país, una cultura, una época o un idioma; o bien a esos vínculos azarosos por los que unos libros nos llevan a otros, esas lecturas encadenadas a través de líneas más o menos explícitas en que escritores que apreciamos citan o recomiendan otras obras. Esta última idea se desarrolla en el blog de Regina-Exlibris.

Referencias:

Guadalupe Jover (coord.) (2009): Constelaciones literarias. ‘Sentirse raro. Miradas sobre la adolescencia’. Málaga, Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. 240 pp.

Guadalupe Jover (2007): Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Barcelona, Octaedro. Colección Rosa Sensat 12.

Guadalupe Jover: “Se está haciendo cada vez más tarde: Por una literatura sin fronteras.” En Carlos Lomas (coord.) (2008): Textos literarios y contextos escolares: la escuela en la literatura y la literatura en la escuela, pp. 148-178. Barcelona, Graó. Biblioteca de Textos 249.

Itamar Even-Zohar (2007): Polisistemas de cultura. Tel Aviv, Universidad de Tel Aviv, Cátedra de Semiótica. Libro electrónico en pdf.

Un mundo por leer

Un mundo por leer, G. Jover

Un mundo por leer, G. Jover

Hace ya unos años que Guadalupe Jover viene reclamando una revisión crítica del canon literario escolar que promueva una verdadera educación literaria del alumnado y tenga mucho más en cuenta el tipo de lector a quien va destinado. Lo ha dicho en artículos en prensa, en trabajos académicos y en un libro que hoy recomiendo vivamente. Se llama Un mundo por leer (2007) y recibió el Premio de Pedagogía Rosa Sensat 2006.

Para Jover, la reforma educativa emprendida en España en los años 90 al amparo de la LOGSE ha sido una oportunidad malgastada. Pareció una oportunidad estupenda para desarrollar programas abiertos y flexibles que cada equipo docente pudiera adaptar a la realidad del aula, pero en la práctica, casi todo ha quedado en papel mojado. La reciente publicación de los currículos oficiales de la asignatura de Lengua castellana y literatura para ESO y Bachillerato, con su pormenorizado catálogo de conceptos, obras y autores deja las cosas más o menos donde estaban: en el enfoque historicista, ahora ampliado con muchos otros contenidos que se deben abordar también en el aula.

Sí, pero ¿cómo? ¿Cómo hacer todo eso con unas pocas horas semanales de clase y con alumnos y alumnas con tan escaso bagaje literario a sus espaldas? Además, a falta de una mejor perspectiva global, las administraciones autonómicas a menudo no han hecho otra cosa que aumentar el despropósito.

Por todo ello, Jover se preguntaba hace ya años en un artículo de El País (“De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, 24-11-2003) si, ya cruzado el umbral del siglo XXI, seguía siendo válido el planteamiento tradicional. ¿Basta con recordar unas cuantas obras, autores y características literarias al término de las clases de literatura? ¿Dónde queda la educación literaria de las chicas y los chicos de hoy?

Claro que para hacer una enmienda a la totalidad hay que exponer previamente algunos principios. Los que presentaba Jover, resumidos, quedan así:

1. Hay que revisar la propia tradición para hacer que los adolescentes se inserten en ella de forma crítica y consciente.

2. El punto de referencia principal no debería ser tanto el canon literario nacional como el canon occidental, o mejor, el canon universal, lo que nos permitirá ampliar considerablemente las posibilidades de selección de textos.

3. No deberíamos tener miedo de considerar como “parte de nuestras señas de identidad colectiva las tradiciones culturales de quienes semana a semana vienen incorporándose a nuestros colegios e institutos desde las más diversas procedencias geográficas.” (Jover, 2003)

En Un mundo por leer profundiza en esos conceptos y sigue desmontando la estructura general que organiza habitualmente los contenidos y la metodología de la enseñanza de la literatura. Según ella, además de consensuar el corpus básico de obras, habría que establecer ciertos criterios generales:

1. Renunciar definitivamente al enciclopedismo a favor de la buena selección.

2. Abandonar, al menos en parte, el tradicional enfoque historicista, lo que no significa renunciar al análisis y a la contextualización histórica de las obras.

3. Apostar claramente por el diálogo entre el hoy y el ayer, por la lectura en contrapunto de textos de la tradición y textos actuales.

Tradicionalmente, los contenidos literarios se han organizado siguiendo un criterio cronológico y más modernamente, a través del estudio de los géneros o bien mediante el análisis de temas o tópicos literarios. Cada una de estas tres visiones tiene ventajas e inconvenientes; seguramente, ninguna se debe soslayar, pero sea cual sea la perspectiva elegida, debemos ser conscientes de la necesidad de seleccionar muy bien. Porque la empresa es inabarcable por naturaleza: no se puede estudiar TODA la literatura nacional (o universal), no se puede analizar la evolución de TODOS los géneros literarios, y tampoco se puede observar el distinto tratamiento de que son objeto los temas a lo largo de TODA la historia.

En resumen, que hay que abarcar menos y apretar más, leer menos manual y más texto original, leer quizá menos autores pero mejor. Leer con gusto y con provecho. Leer con tiempo para hablar de la lectura y compartirla. Leer sabiendo para qué: para desarrollar el espíritu crítico y la capacidad de ir más lejos por uno mismo. Leer literatura pero no sólo literatura, porque también hay que enlazar la lectura del libro y la lectura del mundo.

Así que parece evidente que hay que apostar por un cierto eclecticismo, por un nuevo enfoque, por una vía intermedia, por una selección clara con un criterio definido. Y es aquí es donde aparece, como respuesta a todos esos retos de organización, la idea de las constelaciones literarias.

De algunos de los ejemplos de constelaciones que propone Jover y de materiales de este tipo que podemos encontrar en Internet les hablo en la entrada siguiente. Hasta entonces.

Referencias:

Guadalupe Jover (2003): “De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, artículo publicado El País (24-11-2003).

Guadalupe Jover (2003): “La educación literaria en la educación secundaria obligatoria”. En Textos. Didáctica de la lengua y la literatura, 34. Barcelona, Graó, pp. 81-102.

Guadalupe Jover (2007): Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Barcelona, Octaedro. Colección Rosa Sensat 12.

Guadalupe Jover: “Se está haciendo cada vez más tarde: Por una literatura sin fronteras.”, pp. 148-178. En Carlos Lomas (coord.) (2008): Textos literarios y contextos escolares: la escuela en la literatura y la literatura en la escuela. Barcelona, Graó. Biblioteca de Textos 249.

El canon Manguel

Alberto Manguel (Claudio Álvarez para "El País")

Alberto Manguel (foto de Claudio Álvarez para "El País")

El amor por la lectura se aprende, pero no se enseña. Nadie puede obligarnos a enamorarnos.

Alberto Manguel

El autor de la imprescindible Una historia de la lectura selecciona en Diario de lecturas (2004) doce libros decisivos en su formación como lector. La lista es un tanto heterodoxa, pero no se puede negar la capacidad de atracción de ninguno de los títulos. Ganan las novelas, como es obvio, pero también hay ensayos.

Conclusión: en el fondo, todo canon con pretensiones “universales” no es más que una lista de obras importantes en nuestra vida que podemos recomendar con gusto y la mejor intención. Eso sí, el problema sigue siendo siempre a quién y para qué. La relación de Manguel, verdaderamente esencial, es ésta:

1. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

2. La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares.

3. Kim de Rudyard Kipling.

4. Memorias de ultratumba de François R. de Chateaubriand.

5. La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells.

6. El signo de los cuatro de Arthur Conan Doyle.

7. El viento en los sauces de Kenneth Grahame.

8. Las afinidades electivas de Johann W. Goethe.

9. El desierto de los tártaros de Dino Buzzati.

10. El libro de la almohada de Sei Shonagon.

11. Resurgir de Margaret Atwood.

12. Memorias póstumas de Blas Cubas de Joaquim M. Machado de Assís.

Aparte, en su página web, enteramente en inglés, Manguel nos deja una selección de 100 títulos recomendados que bien puede ser el ejemplo de lista selecta a que todo canon aspira. Sin más argumentos que el gusto propio y el repaso a lo largo de la existencia del hombre, la trascendencia y la “universalidad” en el sentido del impacto de cada libro en otras culturas, más o menos lejanas.

El punto de vista anglocéntrico es evidente, pero en lo que se llama por aquí “Literatura Universal” ya se sabe que prima lo occidental y más concretamente lo anglosajón, blanco y protestante. Como en casi todo, quien da primero, da dos veces.

Vean la lista alfabética de autores en pdf: 100 favourite books. Luego pasen y discutan o comenten, si les apetece.

Referencias:

Web oficial de Alberto Manguel (en inglés).

Alberto Manguel (2004): Diario de lecturas. Madrid, Alianza.

“Leer será en el futuro un acto de rebeldía”, entrevista publicada en El País (13-01-2007).

Por aquello de las casualidades o las coincidencias, el mismo título de Diario de lecturas tienen dos interesantes blogs: el de Vicente Luis Mora sobre crítica literaria, y el de Eugenio Sánchez Bravo sobre filosofía.

El escritor Alberto Manguel es un incansable viajero de mundos reales e imaginarios. Argentino de nacimiento, vivió en Israel durante la infancia, luego regresó a Buenos Aires y con el tiempo se hizo canadiense de adopción y francés de afiliación. Su vida ha transcurrido siempre en la encrucijada entre culturas y se ha forjado con libros, bibliotecas y varia literatura. En su caso, la vida lo es y cobra sentido a través de la lectura, pero no sólo. La enfermedad lectora, la herida de la letra, tiene un límite:

Yo creía en la brujería, y estaba seguro de que algún día se me concederían los tres deseos que incontables historias me habían enseñado a utilizar correctamente. Me preparé para encuentros con fantasmas, con la muerte, con animales parlantes, con la violencia; hice planes muy complicados para viajar hasta islas que serían escenarios de aventura en las que Simbad se convertiría en mi amigo del alma. Tan sólo cuando años más tarde toqué por primera vez el cuerpo de mi amante, comprendí que, a veces, la literatura puede no llegar a la altura de la realidad.

Alberto Manguel: Una historia de la lectura, 24.

Desvelar sus favoritos, su peculiar itinerario lector, ha sido el tema de varios de sus libros desde aquellos días en que trabajaba en una librería inglesa de Buenos Aires y el mismísimo Jorge Luis Borges, ya mayor y ciego, vino a buscar un lector que sustituyera a su anciana madre en la tarea de leerle por las tardes.

Repletos de anécdotas, erudición y amenidad, sus ensayos sobre la lectura se leen con la alegría de estar en compañía de un buen amigo que nos lleva de la mano a descubrir paraísos insospechados. Entre ellos, hoy quiero destacar una de sus últimas obras, La biblioteca de noche (2005), y como aperitivo a este apasionante ensayo sobre esos laberintos de anaqueles y etiquetas, les propongo mirar el vídeo del espacio que le dedicó la Televisión Pública de Asturias. Se trata del programa “Contresentidos”, sección “Café con libros”:

A propósito de  las bibliotecas, quizá no lleguen a la categoría de los bares, como decía la canción del grupo español Gabinete Caligari, pero ¡qué lugares tan propicios para el amor!

De sus listas de libros recomendados o esenciales, en propiedad, les hablo en el siguiente post. Éste prefiero cerrarlo con la misma cita que utiliza Manguel en su prólogo:

Este talante errabundo siempre lo he tenido (aunque no con el mismo éxito), y como un perro de caza que va de un lugar a otro ladrando a todos los pájaros que ve y abandonando su presa, yo he seguido todo excepto lo que debía, y puedo lamentarme justificada y verdaderamente (porque el que está en todas partes no está en ninguna) de haber leído muchos libros, pero con poca utilidad por carecer de método; he tropezado confusamente con diversos autores en nuestras bibliotecas con poco aprovechamiento, por falta de arte, orden, memoria o juicio.

Robert Burton: Anatomía de la melancolía.

Referencias:

Alberto Manguel (2005): La biblioteca de noche. Madrid, Alianza, 2006.

____________   (1996): Una historia de la lectura. Madrid, Alianza, 1998.

Citas escogidas del libro en el blog 365 días de libros.

Cuatro personajes en busca de un trago

Algunos caracteres literarios saltan de las páginas escritas y agarran vida propia, se transforman, se ridiculizan, se emborrachan, se chancean, se exaltan o se patean públicamente.  Y eso está bien. Son de todos y para todos. Para hacer llorar, o para hacer reír. Ahí están, vivitos y coleando, como referentes de la cultura universal, porque su trayectoria es larga y su capacidad de ponerse del revés se mantiene a través de los siglos.

Si me permiten el comentario, el más endeble de los cuatro, por supuesto, es ese Harry Potter simplón y marisabidillo de la saga J. K. Rowling, que no creo que resista otra década en el candelero. O quizá sí. Ya veremos.

Referencia:

El show de La 1/2 docena, programa de humor y comedia desde Costa Rica.

Andrés Neuman recita tres poemas en la Feria del Libro de Granada 2007

Frente a la abierta ruptura del consenso entre los especialistas anglosajones respecto a los autores que deben enseñarse en institutos y facultades, el caso de la literatura en español parece algo diferente. De momento, el acuerdo sobre la lista fundamental se mantiene y la construcción de cánones alternativos avanza muy lentamente. El motivo es sencillo: una gran mayoría de los escritores de nuestro ámbito lingüístico tienen el sentimiento compartido de pertenecer a una esfera común de experiencias y referentes culturales.

En un artículo publicado recientemente en Signa y que ya está digitalizado (Razones para un canon hispánico), José María Pozuelo Yvancos comenta seis de los principales factores que dan cohesión a la literatura actual en castellano y permiten hablar de la existencia de un canon literario supranacional en lengua castellana. Serían los siguientes:

1) el Quijote en particular y la literatura de nuestro Siglo de Oro en general como referentes ineludibles, compartidos y asumidos como propios en todas las latitudes hispanohablantes. Con esa literatura nace verdaderamente la literatura hispánica –más allá de lo castellano, español o ibérico- y a ella se remiten, no ya sólo por filiación natural sino sobre todo por afiliación voluntaria, la gran mayoría de los escritores de la constelación literaria hispanoamericana.

2) el papel desarrollado por dos proyectos recientes que llevan el nombre de Cervantes: el Premio Cervantes y el Instituto Cervantes. El primero porque galardona a españoles y americanos sin distinción; y el segundo, porque asume como propia toda la cultura hecha en español y la divulga en sus clases, bibliotecas y exposiciones.

3) la profunda influencia mutua entre la literatura escrita a ambas orillas del atlántico. Es evidente que la novela latinoamericana moderna no se entiende sin el Lazarillo o sin Cervantes, igual que la Generación del 27 no se entiende sin Rubén Darío. A lo que hay que sumar el aprecio y el estudio mutuos, tanto a nivel escolar como universitario, de las literaturas hechas en ambas márgenes del océano.

4) los múltiples intercambios, a menudo forzados por exilios políticos o económicos entre España y América. Si Cuba, Venezuela, México o Argentina fueron refugio o tierra de promisión para emigrantes y exiliados forzosos de la Península durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, el fenómeno se produjo en sentido inverso a partir de 1960 como consecuencia de las dictaduras y la crisis económica de Latinoamérica.

5) la labor entusiasta de los hispanistas de todo el mundo, cifrada en la creación de la AIH (Asociación Internacional de Hispanistas) y desarrollada en los excelentes departamentos de español de las universidades norteamericanas, británicas, francesas, etc.

6) la intensa actividad editorial, transversal a todo el ámbito hispánico. Recordemos dos ejemplos: la importancia de Seix Barral (Barcelona) para el “boom latinoamericano” y el papel desarrollado por el FCE (México) o Losada (Buenos Aires) en la difusión literaria y el desarrollo de los estudios universitarios en la España franquista.

En esta línea de afiliación a una cultura en que las nacionalidades se diluyen en el lenguaje, se encuentra el argentino residente en Granada Andrés Neuman, ganador del último XII premio Alfaguara de novela con El viajero del siglo.

En la reseña que hizo Javier Rodríguez Marcos de la entrega del premio para El País (Literatura hispana para un futuro sin prejuicios, 27-05-09) se reproducen sus palabras hablando justamente de esa generación de escritores de ida y vuelta, de esos autores que, como él, escriben en “un castellano de todas partes y ninguna, que es la lengua natural de muchos emigrantes y de su mundo movedizo”.

Entre otras afirmaciones, Neuman reivindica la novedad de esta literatura en español, caracterizada por una clara desterritorialización que se manifiesta “situando sus historias en lugares remotos, o bien proyectando una mirada extranjera sobre lugares teóricamente propios” y que es resultado del consciente “abandono del propósito de encarnar determinadas esencias nacionales y políticas. Las primeras tienen que ver con la idea de patria y exilio en su sentido ortodoxo. Las segundas, con cierta forma de entender el compromiso político. Que no se está perdiendo, sino reformulando.”

Aquí lo dejamos. De los cánones alternativos y de la crítica cultural y poscolonial al canon “tradicional” hablaremos otro día. Salud.

Referencias:

José María Pozuelo Yvancos (2009): “Razones para un canon hispánico”, en Signa, número 18, 87-97. Madrid: UNED. Accesible en la Biblioteca virtual Cervantes. Documento en pdf.

Índice completo del número 18 (2009) de la revista Signa.

Web oficial del escritor Andrés Neuman: http://www.andresneuman.com/