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Archive for the ‘Canon hispánico’ Category

El filólogo y académico Francisco Rico, nos presentaba hace unos días en el programa Nostromo (RTVE) los cuatro primeros volúmenes de la colección Biblioteca Clásica de la RAE, una  producción del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles en singular alianza con Círculo de Lectores/ Galaxia Gutenberg y con el patrocinio de la Fundación La Caixa. El catedrático de la UAB nos explica, en colaboración con su colega Jordi Gràcia, el qué y el cómo de este ambicioso proyecto.

Nostromo, 30 de mayo de 2011

Más cobertura de la noticia nos la dan diversos medios de comunicación como:

El repertorio completo de los 111 títulos seleccionados para la colección puede descargarse aquí en pdf:

Ediciones de hoy de los clásicos de siempre. La vuelta al círculo, el nudo gordiano que nunca se rompe de los libros canonizados por el sistema educativo… Y frente a ello, la necesidad de renovarse o morir.

Ustedes dirán que les parece la idea y si echan algo de más o de menos en la lista.

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Erotismo medieval

También en el diario El País, se puede leer un sabroso reportaje sobre la nueva edición crítica del Libro de Buen Amor preparada por el filólogo norteamericano Anthony Zahareas. El texto del periodista Abel Grau es una delicia desde el título –Clérigo devoto busca hembra placentera– y nos pone de relieve una vez más algo que ya dejó muy claro Antonio Enrique en su libro El canon heterodoxo: la calidad, la modernidad y la originalidad radical de una obra tan compleja, tan mezclada y rica como este tratado amoroso (y mucho más) que un humilde clérigo medieval nos legó para disfrute de la posteridad. Un libro ameno, alegre y variadísimo que hoy en día ha dejado de ser una obra marginal e incomprendida de las letras hispanas para convertirse en uno de sus mayores tesoros.

Porque el LBA hoy es un clásico sin discusión. A pesar de su forma dispersa, a pesar de que es difícil de clasificar o quizá por eso mismo, porque es un totum revolutum en que todo cabe, porque es un manual de seducción y muchas otras cosas a la vez. Y ante todo, porque es inteligente y divertido.

El LBA es un libro que bebe del Ars Amandi de Ovidio y que se integra perfectamente en la retórica cortesana y clerical de la Baja Edad Media, imitando parcialmente la comedia latina Pamphilus. Por su tono y estilo, se sitúa a menudo al lado de la poesía goliárdica y los cuentos de Chaucer, destacando su vitalismo y sus pasajes más eróticos, pero también debe leerse c0mo una sincera obra de devoción mariana.

En definitiva, el LBA es una obra maestra que, desde la atalaya del siglo XXI, se ve casi unánimemente como una obra fundamental de la tradición hispánica, como una pieza clave que ilumina nuestro panorama literario más lejano y ayuda a entender la admirable gestación de otra de las grandes creaciones de la literatura europea que se hicieron en castellano: La Celestina (1499) del bachiller Rojas.

Prueba última de su actualidad es comprobar cómo todavía hoy adultos y jóvenes disfrutan con las animadas y picantes historias que nos cuenta el voluptuoso arcipreste: con el episodio de la serrana de Malangosto, con el cuento de Don Pitas Payas, con el capítulo en que se glosan los requisitos de la mujer bella… Si no me creen, hagan la prueba en clase y verán. Funciona hasta con los grupos más díscolos.

Y a propósito de los modelos de mujer y de los requisitos para estar guapa, Lourdes Doménech y Ana Romeo aportan en su página educativa una interesante selección de fragmentos de la obra que acompañan con varios poemas contemporáneos sobre la belleza masculina y femenina. Vale la pena observar el contraste y hacer la comparación.

Referencias:

Clérigo devoto busca hembra placentera, artículo de Abel Grau en El País, 9 de junio de 2010.

Texto del Libro de Buen Amor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Completo estudio del profesor José Antonio Serrano Segura.

Antología del LBA en el excelente portal Materiales de lengua y literatura.

Resumen comentado del LBA en la página de Antonio Tausiet.

Otros enlaces:

Sobre el supuesto mudejarismo de la obra -en opinión de Juan Goytisolo-, podemos leer la entrevista publicada en la revista digital Espéculo en 1999.

Sobre las fuentes del LBA, artículo de Bienvenido Morros en el CVC.

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Vargas Llosa, Donoso y García Márquez

Barcelona años 70: Vargas Llosa, Donoso y García Márquez junto a sus esposas

Fuente: Archivo Max Silva Tuesta (Flickr)

En Babelia, el suplemento cultural del diario El País, se propone este sábado (30 de enero de 2010) un debate sobre la tradición literaria hispánica, sobre los referentes de la narrativa española más reciente y en concreto sobre las modas, las corrientes y los derroteros posibles de la literatura que se hace en este idioma añejo y recio en que les hablo.

En lo que más estoy de acuerdo de lo que comentan Almudena Grandes, Javier Cercas y Agustín Fernández Mallo es que España no se puede comparar con América Latina. Ni modo. Hace ya mucho tiempo que la metrópoli cedió su puesto preeminente en el desarrollo de la cultura escrita en la lengua de Cervantes. Hace ya siglos que ese “territorio de La Mancha” -que dijo Carlos Fuentes- inaugurado por los clásicos de nuestro Siglo de Oro se extiende por los confines de la Tierra. ¡Y ha llovido tanto desde que no nos pertenece en exclusiva a los que habitamos la piel de toro! Se expandió por los mares, para bien o para mal, a costa de la sangre, del fuego y de los sueños disparatados de tantos muertos ilustres y anónimos como nos preceden. Por eso no se puede enfrentar este viejo rincón de Europa, un solo país, con todo un continente, con la suma fascinante de tradiciones que ha dado pie a la maravilla del “planeta hispano”: europeas, indígenas americanas, africanas, asiáticas…

El mundo que se mueve, el del futuro, es mestizo y complejo. Nuestra literatura, mal que pese a tantos, también.

Referencias:

Blog de Agustín Fernández Mallo en Alfaguara: El hombre que salió de la tarta.

“Escritores del español, y no de un país”, nota de W. Manrique y J. Rodríguez en El País (29-01-2010)

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Fray Luis de LeónÉste es el título de una muy acertada selección de textos que publicó en 2001 la editorial Crítica bajo la dirección del editor Gonzalo Pontón. Hoy resulta difícil de encontrar, pero constituye una magnífica antología de fragmentos de la literatura española –aquí en su doble sentido, lingüístico y nacional- desde la Edad Media hasta fines del siglo XIX, desde el Cid hasta Clarín. Deliberadamente queda fuera todo el siglo XX, quizá por lo delicado de la cuestión, por la abundancia de nombres o por no alargar el volumen más allá del juego de palabras.

Todos los textos se nos presentan “a pelo”, sin notas ni introducción ninguna. Son, lisa y llanamente, fragmentos escogidos que se nos ofrecen tal cual, en una buena versión pero sin más, totalmente desnudos. Textos imprescindibles listos para gustar por vez primera o para saborear de nuevo, en relectura morosa y placentera, con el tiempo necesario y la conciencia inevitable de estar ante pasajes amados en versión original, sin intermediarios.

Dice en el prólogo Francisco Rico que las antologías de lecturas le ganaron para la literatura, pues no en vano en cada pieza bien elegida se muestra la excelencia de la obra completa. Además, toda recopilación selecta tiene dos ventajas. La primera es segura, ya que convida sin demora a recordar episodios memorables. La segunda ya es más discutible; según él, quizás “quien comience haciendo zapping en los clásicos” acabará leyéndolos enteros.

Yo no estoy tan seguro, pero sí creo que casi todo lector de clásicos nace de una buena selección escolar, de un repertorio limitado de escenas, episodios o versos muy logrados que luego se amplia con el interés primero y la devoción después. En mi caso fue así, al menos. En una casa humilde en la que los únicos textos en letra impresa eran los prospectos de medicamentos, la irrupción del extinto diario Pueblo, que mi padre empezó a comprar por las tardes cuando salía del trabajo, fue el detonante de una avidez lectora pronto acompañada por tebeos y novelitas baratas de mis primos mayores, y finalmente estimulada para siempre por los cuentos, poemas y demás varia literatura de antologías escolares como aquel Senda de 3º de EGB, aquella antología de lecturas de Santillana ilustrada por José Ramón Sánchez, el de la historia de Pandora, la casa roja y sus amigos…

Por aquello de comparar, revisar y cotejar cuando y cuanto haga falta, aquí va la lista seleccionada por Pontón en el librito, toda ella de dominio público y bien accesible en la red por si gustan:

1. Cantar de Mio Cid: “La partida hacia el destierro”, versos 1 a 64.

2. Don Juan Manuel: Conde Lucanor. Enxiemplo XI: “De lo que aconteció a un deán de Santiago con don Illán, el gran maestro de Toledo.”

3. Romancero: “Sueño de doña Alda”, “El infante Arnaldos”, “El prisionero” y “Fontefrida”.

4. Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre. Parte inicial: estrofas 1 a 13, sobre la brevedad de la vida.

5. Fernando de Rojas: La Celestina. Acto I, escena de la corrupción de Pármeno.

6. Garcilaso de la Vega: Soneto XXIII (“En tanto que de rosa y azucena…”) y vv.239-407 de la Égloga I con el lamento de Nemoroso (“Corrientes aguas puras, cristalinas…”).

7. Lazarillo de Tormes. Parte inicial del Tratado III, encuentro de Lázaro con el escudero.

8. Fray Luis de León: Poesía. “A la vida retirada” (Oda I) y “A Francisco Salinas” (Oda III).

9. San Juan de la Cruz: Poesía. “Noche oscura”, “Otras canciones a lo divino, de Cristo y el alma” (“Un pastorcito solo está penando…”) y “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe” (“Que bien sé yo la fonte que mana y corre…”).

10. Miguel de Cervantes: Aventura de los molinos de Don Quijote de la Mancha (capítulo VIII); y episodio del patio de Monipodio en “Rinconete y Cortadillo”, una de sus Novelas ejemplares.

11. Lope de Vega: Poesía. “Mira, Zaide, que te digo…”, “Esparcido el cabello por la espalda” y “Belardo a Amarilis” (epístola séptima, vv. 154-280).

12. Luis de Góngora: Fábula de Polifemo y Galatea. Estrofas 4 a 14, descripción de la cueva, el cíclope y la ninfa.

13. Francisco de Quevedo: Poesía. “¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?…”; “Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!…”; “Hermosísimo invierno de mi vida…”; “¡Ay, Floralba! Soñe que te… ¿Dirélo?…”; “Cerrar podrá mis ojos la postrera…” y “Yacen en esta rica sepultura…”

14. Pedro Calderón de la Barca: El gran teatro del mundo. Versos 1-278, con el diálogo del autor (Dios) y el mundo, visto como una representación.

15. José de Cadalso: Cartas marruecas. Carta 38, de Gazel a Ben Beley, sobre el orgullo hispano.

16. Leandro Fernández de Moratín: El sí de las niñas. Acto III, escena X, en que el viejo Don Diego descubre la falsedad de su jovencísima prometida.

17. Mariano José de Larra: Artículos. “Vuelva usted mañana.” Sobre la ineficaz burocracia.

18. José Zorrilla: Don Juan Tenorio. Acto I, escenas XI y XII, versos 305-699 con el desafío en la taberna entre Don Juan y Don Luis.

19. Gustavo Adolfo Bécquer: Leyendas. “Los ojos verdes”. De la atracción fatal por las ninfas de las fuentes.

20. Benito Pérez Galdós: Trafalgar. Capítulo XI. El fragor de la famosa batalla.

21. Leopoldo Alas “Clarín”: “Adiós, Cordera”. Cuento triste sobre las paradojas del progreso, la vida rural asturiana y la injusticia social.

Referencias:

Gonzalo Pontón (selecc.) (2001): Veintiún clásicos para el siglo XXI. Barcelona, Crítica. Presentación de Francisco Rico.

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Don Quijote y Sancho, por Doré

Don Quijote y Sancho, por Doré

Otra muestra de lo mucho que preocupa el tema del canon literario en la Educación Secundaria nos la proporciona la convocatoria que para este mes de julio nos hace la FASPE (Federación de Asociaciones de Profesores de Español) a través de su página web. En su XII Simposio el tema elegido es “El canon literario: función y mito.”

Las sesiones, organizadas por la APE “Francisco de Quevedo” de Madrid en colaboración con el ICE de la UAM, presentan un formato variado que incluye conferencias, mesas redondas y breves comunicaciones. La mayoría de actos se celebran en el IES Cervantes (c/ Embajadores 70. Madrid) desde el 2 al 4 de julio y la inscripción queda abierta hasta el mismo día de inicio del curso a las 9 de la mañana.

Además de las actividades más o menos académicas, se pretende estimular la reflexión didáctica y la charla distendida entre colegas, por lo que el programa incluye un atractivo repertorio de visitas a lugares emblemáticos de Madrid (diferentes rutas literarias, Residencia de Estudiantes, BNE, CDN, Aranjuez…) y la asistencia a algunas representaciones teatrales. Para más información, se puede descargar el programa completo en la página web de la federación.

Sin duda, es una buena excusa para escuchar, comentar y exponer puntos de vista diferentes sobre cómo abordar la enseñanza de los clásicos en nuestras aulas. Aunque no se requieren demasiadas excusas para darse una vuelta por la capital del reino y disfrutar de su oferta cultural, ésta es una más y no una menor. Así que me escaparé cuatro días a ver qué tal.

Referencias:

Página web de la FASPE: http://faspe.org/

APE “Francisco de Quevedo”: http://www.apequevedo.com/

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Friedrich Hölderlin

Friedrich Hölderlin

Son varios los principales factores que determinan el canon literario. Entre otros, tienen singular relevancia los programas escolares, los éxitos editoriales, las reseñas críticas especializadas, las historias “oficiales” de la literatura –especialmente en su nivel universitario o académico-, las traducciones a otros idiomas y, por supuesto, las antologías o florilegios.

Sobre todo en el ámbito de la poesía, la antología ha cobrado un carácter canonizador indiscutible. Seguramente podemos ponernos de acuerdo rápidamente en algunas novelas fundamentales de esta o aquella época, tradición, lengua o cultura; pero ¿y en la poesía? ¿Cómo arbitrar unos pocos nombres sin la labor de los antólogos reconocidos?

El problema hoy, aunque quizá también siempre, es que las antologías de poesía contemporánea dependen demasiado de capillitas y amistades más o menos confesables, o cuanto menos, adolecen de falta de perspectiva histórica, de tiempo para el reposo y la decantación. Con las antologías académicas, la cosa cambia; aquí los clásicos suelen aparecer de forma práticamente indiscutible, aunque eso sí, cada escuela cambia ligeramente el enfoque y destaca unos valores mientras minimiza otros.

Anteayer era noticia en El País la aparición casi simultánea de dos recopilaciones que se insertan plenamente en esa loable intención de hacer accesible y cercana la gran poesía al público general. Y los autores no son como para pasar por alto su propuesta.

En el primer caso, el profesor y académico Francisco Rico acaba de publicar, con la colaboración de Rosa Lentini, Mil años de poesía europea, una extensa y bien documentada antología que abarca desde la “canción de mujer” tradicional del siglo XI hasta la obra de la Nobel polaca Wislawa Szymborska.

Y en el segundo, el poeta leonés Antonio Colinas nos ofrece una selección escolar hispánica, Nuestra poesía en el tiempo (una antología), en que junto a los nombres conocidos y previsibles recupera a algunas figuras olvidadas y apuesta con especial fuerza por los poetas latinoamericanos contemporáneos.

Con tantas facilidades, cada vez nos quedan menos excusas para no sabernos “de pe a pa” la cartilla poética, la de allá y la de acá. Así que, señores antólogos, pónganme otro soneto, por favor, que todavía es pronto.

Como complemento, apunto en el pie algunos artículos de interés sobre el tema.

Referencias:

Francisco Rico y Rosa Lentini (2009): Mil años de poesía europea. Barcelona, Backlist.

Antonio Colinas (2009): Nuestra poesía en el tiempo. Madrid, Siruela.

Página web de Antonio Colinas: http://www.antoniocolinas.com/

Juan Domingo Vera Méndez (2005): “Sobre la forma antológica y el canon literario.” En Espéculo, Revista de estudios literarios. Madrid, Universidad Complutense. Artículo accesible en red.

Antonio Crespo: “La poesía y los márgenes.” En Viento Sur, 91, abril de 2007. Documento en pdf.

Poesía para los que no leen poesía“, artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (16-06-2009).

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Un mundo por leer, G. Jover

Un mundo por leer, G. Jover

Hace ya unos años que Guadalupe Jover viene reclamando una revisión crítica del canon literario escolar que promueva una verdadera educación literaria del alumnado y tenga mucho más en cuenta el tipo de lector a quien va destinado. Lo ha dicho en artículos en prensa, en trabajos académicos y en un libro que hoy recomiendo vivamente. Se llama Un mundo por leer (2007) y recibió el Premio de Pedagogía Rosa Sensat 2006.

Para Jover, la reforma educativa emprendida en España en los años 90 al amparo de la LOGSE ha sido una oportunidad malgastada. Pareció una oportunidad estupenda para desarrollar programas abiertos y flexibles que cada equipo docente pudiera adaptar a la realidad del aula, pero en la práctica, casi todo ha quedado en papel mojado. La reciente publicación de los currículos oficiales de la asignatura de Lengua castellana y literatura para ESO y Bachillerato, con su pormenorizado catálogo de conceptos, obras y autores deja las cosas más o menos donde estaban: en el enfoque historicista, ahora ampliado con muchos otros contenidos que se deben abordar también en el aula.

Sí, pero ¿cómo? ¿Cómo hacer todo eso con unas pocas horas semanales de clase y con alumnos y alumnas con tan escaso bagaje literario a sus espaldas? Además, a falta de una mejor perspectiva global, las administraciones autonómicas a menudo no han hecho otra cosa que aumentar el despropósito.

Por todo ello, Jover se preguntaba hace ya años en un artículo de El País (“De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, 24-11-2003) si, ya cruzado el umbral del siglo XXI, seguía siendo válido el planteamiento tradicional. ¿Basta con recordar unas cuantas obras, autores y características literarias al término de las clases de literatura? ¿Dónde queda la educación literaria de las chicas y los chicos de hoy?

Claro que para hacer una enmienda a la totalidad hay que exponer previamente algunos principios. Los que presentaba Jover, resumidos, quedan así:

1. Hay que revisar la propia tradición para hacer que los adolescentes se inserten en ella de forma crítica y consciente.

2. El punto de referencia principal no debería ser tanto el canon literario nacional como el canon occidental, o mejor, el canon universal, lo que nos permitirá ampliar considerablemente las posibilidades de selección de textos.

3. No deberíamos tener miedo de considerar como “parte de nuestras señas de identidad colectiva las tradiciones culturales de quienes semana a semana vienen incorporándose a nuestros colegios e institutos desde las más diversas procedencias geográficas.” (Jover, 2003)

En Un mundo por leer profundiza en esos conceptos y sigue desmontando la estructura general que organiza habitualmente los contenidos y la metodología de la enseñanza de la literatura. Según ella, además de consensuar el corpus básico de obras, habría que establecer ciertos criterios generales:

1. Renunciar definitivamente al enciclopedismo a favor de la buena selección.

2. Abandonar, al menos en parte, el tradicional enfoque historicista, lo que no significa renunciar al análisis y a la contextualización histórica de las obras.

3. Apostar claramente por el diálogo entre el hoy y el ayer, por la lectura en contrapunto de textos de la tradición y textos actuales.

Tradicionalmente, los contenidos literarios se han organizado siguiendo un criterio cronológico y más modernamente, a través del estudio de los géneros o bien mediante el análisis de temas o tópicos literarios. Cada una de estas tres visiones tiene ventajas e inconvenientes; seguramente, ninguna se debe soslayar, pero sea cual sea la perspectiva elegida, debemos ser conscientes de la necesidad de seleccionar muy bien. Porque la empresa es inabarcable por naturaleza: no se puede estudiar TODA la literatura nacional (o universal), no se puede analizar la evolución de TODOS los géneros literarios, y tampoco se puede observar el distinto tratamiento de que son objeto los temas a lo largo de TODA la historia.

En resumen, que hay que abarcar menos y apretar más, leer menos manual y más texto original, leer quizá menos autores pero mejor. Leer con gusto y con provecho. Leer con tiempo para hablar de la lectura y compartirla. Leer sabiendo para qué: para desarrollar el espíritu crítico y la capacidad de ir más lejos por uno mismo. Leer literatura pero no sólo literatura, porque también hay que enlazar la lectura del libro y la lectura del mundo.

Así que parece evidente que hay que apostar por un cierto eclecticismo, por un nuevo enfoque, por una vía intermedia, por una selección clara con un criterio definido. Y es aquí es donde aparece, como respuesta a todos esos retos de organización, la idea de las constelaciones literarias.

De algunos de los ejemplos de constelaciones que propone Jover y de materiales de este tipo que podemos encontrar en Internet les hablo en la entrada siguiente. Hasta entonces.

Referencias:

Guadalupe Jover (2003): “De fútbol, inmigrantes y clases de literatura”, artículo publicado El País (24-11-2003).

Guadalupe Jover (2003): “La educación literaria en la educación secundaria obligatoria”. En Textos. Didáctica de la lengua y la literatura, 34. Barcelona, Graó, pp. 81-102.

Guadalupe Jover (2007): Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Barcelona, Octaedro. Colección Rosa Sensat 12.

Guadalupe Jover: “Se está haciendo cada vez más tarde: Por una literatura sin fronteras.”, pp. 148-178. En Carlos Lomas (coord.) (2008): Textos literarios y contextos escolares: la escuela en la literatura y la literatura en la escuela. Barcelona, Graó. Biblioteca de Textos 249.

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