
Italo Calvino
Como prólogo a Por qué leer los clásicos, una colección de ensayos y artículos sobre los libros y autores que marcaron su vida, Italo Calvino intentó definir el concepto de clásico mediante una lista en que sumó la fineza de buen lector a su penetrante discernimiento.
En sucesivas entradas comentaremos también las ideas de Borges al respecto. Hoy nos limitamos a enunciar ese decálogo ampliado y a destacar un fragmento del apartado 9.
¿Qué es un clásico?
1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».
2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
3. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
4. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
5. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura. La definición 4 puede considerarse corolario de ésta.
6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
7. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
9. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
10. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
12. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía.
13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
14. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.
(1981)
El párrafo que quiero comentar expande la novena definición y alude a la función de la escuela. En él se muestra tajante: la escuela no puede prescindir de los clásicos, debe darlos a conocer “bien o mal” para que luego los estudiantes puedan elegirlos o rechazarlos. Los clásicos son necesarios, pero si no nos atraen, no hay que amargarse. Ya llegará (o no) el momento adecuado. La libertad de leer lo que nos gusta es mucho más esencial, y no podemos renunciar a ella. Dice así:
Naturalmente, esto sucede cuando un clásico funciona como tal, esto es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección; pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de cualquier escuela.
El texto completo de ese prólogo revelador está accesible en varios sitios de Internet, por ejemplo en la página que le dedica Ediciones del Sur de Córdoba (Argentina) al autor italiano: Por qué leer los clásicos.
Referencias:
Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona. Páginas 13-20.

Extraordinaria lección. Leer los clásicos es el principio de toda escritura.
Interesante y muy útil