Digámoslo desde ya, para aclarar opiniones y juicios posteriores que encontrará el lector en esta bitácora. Como explica José Antonio Millán (1992) a propósito del ensayo que Italo Calvino dedicó al tema, en la actualidad la lectura de los clásicos es objeto de dos planteamientos a menudo excluyentes: o son pura “materia de erudición” y por lo tanto las lecturas escolares deberían prescindir de ellos casi totalmente; o son materia tan interesante y fundamental que, justamente por su valor irremplazable, han de situarse en el centro mismo del sistema, irrigando el árbol de la cultura universal y constituyendo la base de la formación estética e intelectual de las nuevas generaciones.
Sin duda, caben opciones eclécticas e intermedias como las que proponen recientemente Carlos Sylveira (Los clásicos a su debido tiempo) y Pedro C. Cerrillo (Clásicos universales y clásicos juveniles: sobre el canon de lecturas en el Bachillerato), pero en el fondo el debate persiste y, con o sin dogmatismos, hay que decidir qué recomendar y cómo hacerlo.
En mi opinión, aunque no puede obviarse la enorme distancia lingüística, conceptual y cultural que media entre la mayoría de los lectores contemporáneos y ciertos clásicos, creo que vale la pena intentar leerlos. A pesar de las dificultades iniciales, a pesar de la necesidad de ciertos datos para entender el léxico de las obras, su ideología, su estructura o los contextos en que surgen, creo que justamente por su riqueza significativa vale la pena sumergirse de lleno en su mundo, y hacerlo a cualquier edad que seamos lectores competentes.
Quizá aquí está el problema de base que atenaza a muchos jóvenes y no tan jóvenes, porque la competencia lectora plena no se alcanza en muchos casos siquiera con la edad adulta. Pero si un adolescente puede y quiere, ¿por qué no invitarle a leer el Quijote por ejemplo? Eso sí, sin traumas ni requisitorias amenazantes, como pura obra de arte del lenguaje, como obra maestra de la ironía y el humor, para reírse primero y pensar un poco después. Aunque sea largo, aunque sea un tocho y requiera tiempo y esfuerzo.
En realidad, en el debate sobre los clásicos lo que creo que no se enfoca bien es su validez como lecturas recomendadas en escuelas e institutos, porque justamente esas lecturas, al menos así como a veces se plantean, casi a pelo, pueden no ser en absoluto adecuadas para lectores infantiles o adolescentes sin dominio suficiente del mecanismo lector. Y quien no lee primero por placer, no leerá después por obligación. Para estos lectores incipientes, lo primero es darles material que les guste y les aficione a la lectura. Cuando hayamos despertado su atención y hayamos hecho lo posible por mejorar su capacidad lectora (leyendo mucho en clase, por ejemplo), podrán alcanzar su competencia literaria como receptores y, por qué no, también como productores.
Por otro lado, las obras clásicas no necesitan abogados defensores, sólo requieren un hueco en los estantes, en los escaparates y en los planes de estudio. Luego ellas se defienden por sí mismas y se ganan los lectores a pulso, a base de su prestigio histórico, a base de lecturas y relecturas atentas y sensibles a lo largo de los siglos, y son capaces de sembrar de gratitud la mente de sucesivas generaciones por su sola capacidad de emocionar y hacer pensar.
Resumiendo, los clásicos se pueden y deben leer siempre y en todo lugar, con alguna ayuda o adaptación respetable si cabe, pero eso sí, siempre que apetezcan, libremente, con interés auténtico y con desnudez de prejuicios. Y mejor sin excesiva devoción, sin esperar demasiado de ellos, porque quizá la primera página no nos enganche. Y si no nos apetecen en una edad determinada, dejémoslos. Ya llegará el tiempo de entenderlos y disfrutarlos de verdad.
De momento, quitémosles los ropajes augustos, la tela recia que oculta su cuerpo esbelto y su ligera belleza, porque como en tantas cosas buenas, menos es más. Cuanto menos adornos y elogios, más sorpresa. Cuantas menos notas al margen -salvo las imprescindibles- más provecho. El estudio filológico vendrá después, si es que nos interesa. La lectura literaria es lectura por el placer del texto, únicamente. El texto lo justifica todo. Y si él sólo no puede arrastrarnos, de poco valen exégesis y apologías. No volveremos a él nunca.
Pero el día en que decidimos, por fin, que ha llegado el momento de hincar el diente a aquella obra tan prestigiosa pero siempre postergada que nos aguarda en la biblioteca, es generalmente inolvidable. Porque los clásicos nos sorprenden desde el principio y se sacuden solitos el polvo de la erudición acumulada con su sola fuerza comunicativa y artística, y nos hablan de nuevo como al primer lector, allá en la noche de los tiempos, con voz propia y personal, con una riqueza de matices insospechada y deslumbrante.
Quizá fuera éste también el momento de resumir qué es un clásico según Italo Calvino, pero lo dejo ya para la entrada siguiente.
Referencias:
Italo Calvino (1992): Por qué leer los clásicos. Traducción de Aurora Bernárdez. Tusquets, Barcelona.
José Antonio Millán (1992): Porque sí. Calvino y la necesidad de los clásicos. En JAM (Página personal de José Antonio Millán).
Carlos Silveyra (2008): Los clásicos a su debido tiempo (Artículos Sol). En la página del SOL (Servicio de Orientación Lectora).
Pedro César Cerrillo: Clásicos universales y clásicos juveniles: sobre el canon de lecturas en el Bachillerato. En el PLEC (Plan de Lectura para Centros docentes).

Desde mi punto de vista, es importante leer los clásicos, aunque como ya han mencionado, en un momento determinado no entendamos del todo el léxico. Haciendo el esfuerzo por comprender e investigar, lo lograremos y de esta manera la propia lectura nos irá interesando más, llegando a conocer su verdadera riqueza significativa. Eso nos ayudará para cualquier otra ocasión y así sabremos, conoceremos, disfrutaremos con la lectura, y lo más importante: reiremos y pensaremos.
De acuerdo al texto leído, puedo darme cuenta de que en la actualidad la mayoría de los estudiantes no le dan la suficiente importancia a la lectura clásica, ya que a menudo les es difícil entender el tipo de vocabulario utilizado. Algo muy cierto es que si nosotros, como futuros docentes, no le damos prioridad a la lectura, no podemos motivar a los adolescentes a tener gusto por ésta.
El primer paso para lograr el gusto por la lectura sería proponer textos adecuados al ámbito educativo de los estudiantes y de acuerdo a su interés. Cabe mencionar que en este punto nosotros tenemos cierta responsabilidad pues somos el punto medular para motivar a los jóvenes a que tengan gusto e interés por la lectura.
Desde mi punto de vista, y de acuerdo al texto leído, pude percatarme de que a los alumnos de educación básica y a los adolescentes de secundaria en la actualidad no les gusta leer. Hay muchos factores que impiden que lean, por ejemplo: la televisión, el chat y las parrandas con los amigos. Por ello y por más obstáculos a los jóvenes no les gusta leer. Quizás tampoco nosotros, como maestros de español, tenemos el hábito de la lectura, o quizás organizamos mal el tiempo.
Por ello, ¿cómo inducir a los chavos a la lectura? Yo opino que hay que leer un fragmento diario en el salón de clases, en voz alta, o dejar la lectura en puntos suspensivos; y así sucesivamente hasta inducirlos o causarles adicción a la lectura. Pero empezar ya, el tiempo pasa y no espera. Después que los induces a algo pequeño, ya que los llevaste de la mano con un fragmento, con una reflexión puedes inducirlos a leer libros clásicos, con un vocabulario más complejo y así lograr la pasión por la lectura.
Sin duda alguna el leer clásicos es una experiencia gratificante sin importar la edad en la que comenzamos a involucrarnos con ellos.Concuerdo con la expresión: “vale la pena intentar leerlos”, a pesar de las dificultades que se llegaran a tener en el transcurso de la lectura.
Para mí, el motivo por el cual se leen los clásicos es porque los descubrimos por nosotros mismos, sin importar temática o autor, sino simplemente por el hecho de acercarnos al estante, tomarlo en nuestras manos y dejando atrás la introducción, el aparato critico y la bibliografía que, como lo menciona el texto: por qué leer los clásicos: “son una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir”, es mucho mas placentero si nos adentramos a la lectura y logramos identificarnos con ella.
Se menciona que cuando leemos un libro clásico en la juventud y lo releemos a una edad mayor, podemos darnos cuenta de cuanto influyó en nosotros dicho escrito a pesar de no notarlo, en mí puedo constatar que tal expresión es cierta, sobretodo que, no necesariamente se debe empezar a leer clásicos a edad madura porque eso no quiere decir que la lleguemos a disfrutar más, sin embargo; es importante que cuando iniciemos nuestra lectura sea por amor y no por obligación.
Un libro clásico no nos lleva sólo a obtener conocimientos de algo nuevo (porque muchas veces de lo que habla ya lo conocemos), sino también a obtener ciertas sorpresas y en general: “para definirte a ti mismo”.
Los clásicos están ahí y, aunque a veces los encontremos revestidos de más adornos y comentarios de los necesarios, es muy saludable pensar que nos esperan no como obligación sino como posibilidad de placer y conocimiento. Son una apuesta segura y sorprendente. Sobre todo, como dices, por lo que nos revelan de nosotros mismos.
Saludos
Miguel Ángel Zúñiga
Considero que los clásicos son necesarios para involucrarnos en un mundo culto, donde pertenecen los que leen, viven y aprehenden todo lo que les rodea en sus memorias analizándolo después; pero cómo sería posible contagiar a los demás las ganas de leer; inocularles el hábito de lectura, más que una hábito sería un gusto.
Realmente yo no leo mucho, pero tengo el placer de que lo que he leído me ha gusto mucho. Si he leído muchas novelas y libros de texto, desde la primaria hasta el bachiller. Mis padres, gracias a Dios, me inculcaron el hábito de leer a temprana edad, cuentos que ahora los he vuelo a hojear y ojear y me han logrado sacar una sonrisa, pero con tristeza he visto a lo largo de mi viva que a mis compañeros de clase, a mis amigos y amigas y novias, no les llama la atención para nada la lectura. A principio no me importaba, pero ahora si me incomoda, tal vez sea porque en mi profesión tengo que inculcar la lectura y ahora ya estoy programado inconscientemente para eso, y esa reacción que tengo de disgusto hacia aquellas personas que no les gusta leer es una reacción que proviene desde mi inconsciente. Considero así que son mayoría en este país que no les importa leer, nada, solo a lo que ya están acostumbrados (señales de tránsito, imágenes, espectaculares, etc.).
Creo que es realmente importante transmitir el gusto por ellos, iniciando claro desde nosotros, los maestros.
Ahora referente al texto, me anticipo que es muy fácil criticar y ver los errores de los demás desde cualquier punto, ya que, señalarlos con coherencia, es diferente.
Opino que el texto si me gusto pero me pareció un poco poético en algunas partes del mismo así como que intentaba volver a captar mi atención para que leyera otro párrafo adornado de metáforas. Pienso que ya no era necesario, pero que el autor del mismo necesitaba sacarlo, como una idea superflua que surgió espontáneamente.
También pienso que, como en la escuela secundaria, los clásicos no son leídos por gusto deben ser impuesto como tareas dentro y fuera del aula con una supervisión de los padres (en caso de ser fuera del aula) y de los maestros (en caso de ser dentro del aula), ya que, como nos menciona el autor de por que leer los clásicos, estos mismos pueden ser releídos ya con una madurez mental y un acervo mas completo posteriormente.
Los clásicos nunca pasaran de obsoletos. Sus lecciones de vida han trascendido cientos de años y en algunos casos miles, por eso siempre estarán vigentes dentro de la obligatoriedad cultural que debemos tener para poder obtener un mejor panorama de la vida o de ciertos contextos, o solo por cultura general.
Porqué no, quitarse esa vergüenza de no haber leído un clásico, y pertenecer a cierto grupo de personas que ya conocen esa obra, o tener un conocido que siempre te recuerde ese libro que tanta flojera te dé leer, pero tienes mucha curiosidad por saber cual es su desarrollo. Yo opino que debe ser una obligación leer un clásico; un primer paso se debe de dar para poder empezar a desarrollar el gusto por la lectura.
Miguel Ángel,
Hábito o gusto, el problema está ahí. Es difícil contagiar las ganas de leer, aunque lo que está claro es que sólo puede hacerse en petit comité, desde el entusaismo y mediante el ejemplo personal. Nada peor para fomentar la lectura de los clásicos que las palabras huecas, los discurso institucionales en días señalados y las campañas de márketing que se quedan en la pura superficie.
Respecto a las obligaciones, a la escuela no le queda otro remedio que obligar, dulcemente si se quiere, pero obligar a hacer determinadas cosas. por, ejemplo, obligar a conocer los clásicos. Amarlos es otro tema. A amar no se puede obligar.
Saludos.
Hola:
Yo leía de pequeña, cuando estaba enferma en la cama mi madre me compraba libros que yo leía con placer, después iba a la biblioteca pública a por libros casi exclusivamente sobre animales. En la adolescencia perdí un poco el hábito, hasta que un día a los dieciocho años encontré en la estantería de mi casa dos libros de Jack London. A partir de ahí empecé a leer con ahínco y ahora con casi treinta años me he visto capaz de leer a Faulkner, Balzac, Tolstoi, Flaubert, Borges, Woolf, Eyre, Mann, Galdós, Baroja, Dumas… En cualquier momento de tu vida los libros te encuentran.
Saludos
¡Qué bonita es la frase final! Es cierto: los libros te encuentran a ti, están destinados a tus ojos en un momento determinado. Aunque no todos llegan cuando deben: hay libros que nos llegan demasiado pronto, antes de que podamos entenderlos y apreciarlos, otros quizá llegan demasiado tarde y algunos, por azar, no llegan nunca o parece que nunca van a llegar. Por eso siempre hemos de tener abierta la ventanita de la curiosidad.
Pero los libros que nos tocan de verdad, nos dejan una huella profunda. Y se incorporan a nuestra vida como la carne, como nos crecen el pelo o las uñas… como parte indisoluble de nuestra conciencia, de nuestra memoria y de nuestra forma de ser.
Gracias por el comentario.
En su blog me topé con: ¿Por qué leer a los clásicos? Una reflexión dividida en 2 partes acerca de estas obras que trascienden su tiempo…
Ya tenia una idea sobre la importancia de leer los clásicos de la literatura y es que en varios de los libros que he leído, tienen citas por ejemplo de Homero, de Dante, Molière, Shakespeare, entre otros. Aunque procuraba leer lo que a mi me gustaba y no lo que me obligaban a leer, así que decidí comenzar por lo que se me hacia mas sencillo de comprender para posteriormente avanzar con lecturas mas complejas y así cuando mis hábitos y habilidades sobre la lectura estuvieran desarrollados pudiera leer con mayor eficacia.
Sin duda alguna el leer un clásico es empaparnos de Literatura que quizá no estaba en nuestro repertorio ya sea porque tienen un lenguaje complicado o por la edad en la que nos encontramos pero como mencionan las lecturas nunca es tarde para empezar a leer. Me intereso la frase “Los clásicos son esos libros de los cuales se suele decir: -Estoy releyendo… – y nunca- Estoy leyendo-, porque en un principio nos costara introducirnos en esos textos pero solo en ellos podremos encontrar un sin fin de conocimientos que con el paso del tiempo lograremos adoptar en nuestras lecturas cotidianas, y de esta manera comentando nuestra experiencia propia al tener contacto con estos textos logremos sembrar una intriga o curiosidad en nuestros compañeros o alumnos con el fin de tratar de sumergirlos en la Lectura de los Clásicos.
Ingrid Y.G.
Los dos textos me ayudan a darme cuenta de la importancia que deben tener los clásicos en mi vida y en la de todos. Me agrada la idea de que los clásicos se convierten en clásicos por el simple hecho de volverlos nuestros favoritos y releerlos, y no solo son letras muertas ya que desde el momento en el que decidimos hojear el libro ya formamos parte de la historia.
Es importante que comencemos a tener nuestros propios clásicos para así mostrarles a los alumnos todo lo que nos aportan logrando que en ellos surja la curiosidad y el interés por acercarse a los libros y que no interesa si el libro con el que comiencen no les guste sino que sigan buscando hasta encontrar su alma gemela por asi decirlo, me refiero al texto con el que mas se identifiquen o les agrade.
Aunque mi vida como lectora no ha crecido mucho, considero que solo leyendo podre descifrar el por que de las cosas, seré una personas abierta a toda creencia, ideología, etc., y sobre todo podré contagiar a los que me rodean, haciendo que crezca el mundo de lectores.
Considero que este tema es muy importante para muchos de los jóvenes que aún no tienen interés por leer los clásicos, ya que les parecen muy aburridos y complejos en el manejo de vocabulario, por eso me pareció muy adecuado el artículo ya que menciona que “Se llaman clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quienes los haya leído y amado, pero constituyen una riqueza no menor para quien reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos”, y en efecto lo más importante es no obligar a alguien a leer, tarde o temprano el gusto les llegará y verán que es lo más gratificante y delicioso que se puedan imaginar. El hecho de descubrir que pasara en la siguiente página y la intriga por conocer el final dependerá de cada lector, de las sensaciones que produzcan en él.
Jannette M.B
Los clásicos son muy importantes, la lectura nos transporta a lugares no conocidos, aunque muchas personas mencionan leer no es así aunque se quiera llegar a una cifra que sea considerable nunca se terminan de leer todas las obra que hay, siempre quedan un sin numero de libros por leer.
Los adolescentes, y en ocasiones los propios adultos no leen los clásicos porque piensan que son ya aburridos, sin darse cuenta que los clásicos son los que abrieron las puertas de la lectura, son los que nos abren las llaves del conocimiento, aunque muchos presuman de leer realmente pocos entienden lo que leen.
En mi opinión los libros clásicos no deberían solo quedarse en los estantes si no que deben de ser leídos por las nuevas generaciones y que conozcan las riquezas que existen en las lecturas, se deben incrementar las lecturas de los clásicos en las escuelas secundarias principalmente y que vayan adquiriendo el hábito de la lectura.